El Quehacer Político a través de la opinión///Tonatiuh Viniegra Da Paula Oliveira///Transversalidad de la identidad: Entre lo performativo y lo identitario

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Por Tonatiuh Viniegra Da Paula Oliveira

Una crítica desde las ciencias sociales a la concepción esencialista de las identidades

La cuestión de lo identitario está causando todo tipo de conflictos ideológicos y distorsiones cognitivas. El debate sobre las identidades de género y lo trans está más intenso que nunca, pues el regreso al poder de la derecha conservadora y los nacionalistas cristianos ha vuelto a centrar el foco de los discursos sobre lo que es natural y socialmente valido. La apelación a regresar a lo “natural” demanda retomar con mayor profundidad y amplitud las cuestiones identitarias. En Argentina y Uruguay, un nuevo fenómeno identitario se ha puesto muy de moda en estos momentos: los Therians, personas que se autoperciben espíritus mixtos, en parte algún animal y en parteser humano. Incluso algunos llegan a sentirse como espíritus de animales atrapados en cuerpos de seres humanos. Esta nueva tendencia identitaria ha generado muchísimo ruido en redes sociales, junto con un montonal de burlas de toda índole. Ante la inmensa cantidad de confusión, histeria y conflicto, hoy abordare el tema de lo identitario para intentar esclarecer algunos puntos. En mis artículos anteriores sobre los celos plantee las bases neurobiológicas de la mente y de la semiótica del yo. Por lo que en esta ocasión pasare directamente a las estructuras simbólicas y performativas de la identidad.

Autopercepcion e identidad. Irónicamente tanto los conservadores anti cuestiones de género como los que se autoperciben de diferentes formas, defienden una mismaconcepción de lo identitario: Que la identidad emana de una esencia inherente a la persona. Para ambos bandos la identidad es una extensión de la naturaleza biológica -como el cerebro o las hormonas-; o de una naturaleza espiritual: energías masculina y femenina, espíritus femeninos y masculinos, espíritus animales, seres espirituales, espíritus hijos de dios, o algo similar. Así, cada cual pugna por imponer su concepción de lo identitario como lo natural y, por ende, lo que debe ser aceptado como lo socialmente correcto. Uno de los mayores mitos al respecto ha sido la idea de cerebros masculinos y femeninos: Si se es gay, se tiene un cerebro femenino; si se es lesbiana, uno masculino. El problema viene con los matices: si es un gay pasivo y dominante ¿es un cerebro 90% masculino y 10% femenino? La lesbiana femenina y sumisa ¿es 90% cerebro femenino y 10% cerebro masculino? ¿Y los bisexuales mitad y mitad cerebro de hombre y de mujer? ¿Los hombres bisexuales más pasivos son un cuarto de cerebro de hombre y tres cuartos de cerebro de mujer y los más activos un cuarto de cerebro de mujer y tres cuartos de cerebro de hombre? ¿y las mujeres heterosexuales dominantes? ¿Los transexuales que siguen teniendo relaciones sexuales con mujeres? Y etc. Como podemos ver, esa concepción neuroreduccionista no es capaz de abarcar la complejidad de lo identitario. Lo cierto es que las investigaciones en neurobiología más recientes muestran que los cerebros no son ni femeninos ni masculinos, sino cerebros conformados por mosaicos complejos de parámetros diversos. Mosaicos de parámetros y no interruptores automáticos. Otro de los mitos comunes es el de los instintos. Actualmente se ha dejado de lado el concepto de instintos para más bien hablar de parámetros de variabilidad y de adaptabilidad de la conducta. Ya no un automatismo, sino rangos de adaptabilidad, variabilidad y plasticidad para generar interpretaciones y respuestas que permiten la adecuada interacción con contextos cambiantes.

La identidad, no se puede encontrar en circuitos predeterminados en el cerebro, en las hormonas ni mucho menos en un espíritu que flota dentro de nuestro cuerpo, como un titiritero que mueve a un muñeco de carne y hueso. La identidad es una esfera de significado que construimos a través de un dialogo permanente entre nuestro ser en el mundo y la mirada de los demás que se posa sobre nosotros. la red de sentidos y significaciones que constituye nuestro Yo, no surge de ningún otro lugar sino de las interacciones simbólicas en las que quedamos envueltos día con día a lo largo de nuestras vidas. Ahora, nuestra identidad no es un dialogo aislado que tenemos con nosotros mismos y ante nosotros mismos. No, nuestra identidad es siempre un ser ante la mirada del otro, de los otros. Somos a través de nuestro ser ante el mundo y ante los que nos miran. Somos nuestro dialogo con los que nos rodean. Nuestra identidad es una respuesta ante el otro que nos observa, nos interpela, nos confronta y nos demanda un ser ante el mundo. Es decir, la identidad es por lo tanto un acto de habla, un ejercicio discursivo, es performatividad. De esta forma, lo femenino y lo masculino son siempre puestas en escena. Todo el tiempo se realizan actos performativos que demuestran y dan fe de que se cumple cabalmente con la feminidad o la masculinidad que se espera en cada situación. Se pasa lista, se cumple, se comprueba ante el otro que se es lo que se debe ser. A través de puestas en escena que por lo general son bastante neuróticas, histriónicas, histéricas y compulsivas.

Demostrar que se cumple con los estándares socioculturales de la heterosexualidad, es un trabajo muy arduo, estresante y que requiere de una enorme inversión de energía y recursos. Y si en algún momento se llega a fallar, por distracción, en la puesta en escena de alguno de esos requisitos, se corre el riesgo de que toda nuestra apariencia social se derrumbe. No es casualidad que la heterosexualidad implique un alto grado de neurosis. La vida social de un heterosexual es una interminable, neurótica y compulsiva puesta en escena. Ropa, actitudes, respuestas mecanizadas, aficiones, intereses, colores, comida, deportes, elementos culturales, todo está perfectamente convenido y delimitado socialmente; y se debe representar sin errores, siguiendo con absoluta precisión el guion de genero dictado por el entorno sociocultural. La identidad de género es tal vez lo más performativo que existe. Por supuesto, lo mismo aplica para la identidad de género gay o lésbica. Es por igual un guion, una serie de convenciones que se deben seguir cual libro sagrado yal pie de la letra. Ser gay demanda escuchar a Gloria Trevi, pero bajo ninguna circunstancia a Rammstein. De lo contrario, los amigos gays podrían sospechar que se es un falso gay o que sepadece de alguna especie de homofobia interiorizada. Todo estácruzado y delimitado por guiones de género. No emergen de la naturaleza, sino de las convenciones culturales. Por ejemplo, para los que no tienen buena memoria, hay que recordar que en su momento y durante siglos el rosa fue considerado el color por excelencia de los hombres, por su cercanía con el rojo, el color dela sangre. Mientras que el azul era el color de las mujeres, por asociarse a la calma. Fue a inicios del siglo pasado que la convención social cambio y el sentido del color se invirtió. Ahora vemos como inherentemente femenino el rosa e inherentemente masculino el azul. Los sanadores espirituales usan el rosa para fortalecer y sanar la energía femenina y usan el color azul para fortalecer y sanar la energía masculina, cuando hace un siglo era el rosa el que representaba lo masculino y el azulo lo femenino. Y es que olvidamos muy fácilmente la historia, perdemos de vista los procesos culturales que forjan los signos sociales que usamos, que se convierten en las reglas de nuestras sociedades y en el guion de nuestras vidas. Los tacones, originalmente eran un signo de hombría, de virilidad. Y se leprohibía su uso a las mujeres. Se tomaron de los jinetes persas y acabaron como icono de lo femenino.

Estas convenciones sociales no solo son las normas que rigen nuestra conducta social, sino que son también el sustrato desde donde se forma nuestra identidad. Individuo y cultura es inseparable; no a nivel ontológico sino a nivel semiótico. Claro, somos seres individuales, sentimos, vivimos, deseamos, necesitamos, sufrimos, amamos individualmente. Pero nuestras esferas de significación no están aisladas ni surgen de la nada. Estamos inscritos en un paisaje simbólico ineludible. Nuestra mente se desarrolla dentro de esferas, y de esferas de esferas de significación que serán siempre el sustrato y el punto de partidade donde beberán, se nutrirán y se conformarán nuestras concepciones sobre todo en la vida. Evidentemente que no podemos hablar de una macroesfera semiótica que lo domina y determina todo de manera absoluta. Las sociedades están tejidas por micro y macro esferas de significación que se intersectan, encuentran, afectan, mezclan, modifican, reformulan y cohabitan. Pero al final hay una meta esfera de significado que en mayor o en menos grado va a condicionar y determinar las condiciones de posibilidad de esas micro y macro esferas que conforman un entorno sociocultural. Y desde ese contexto iremos tomando signos, referentes, guiones, conductas que determinaran la performatividad de nuestras estructuras identitarias. La semiótica detrás de nuestra identidad no surge de la nada, sino dentro de un contexto sociocultural que nos permea y determina. Podemos, claro está, reformular muchas cosas, reconstruir diversas estructuras, pero no podemos salir por completo de esas arquitecturas de sentido. Por ello es tan importante ser conscientes de las estructuras socioculturales de sentido que nos constituyen y determinan, para poder reformularlas y replantearlas de la mejor forma posible. Cuando creemos que esas estructuras son inherentes, biológica o espiritualmente, ni siquiera somos capaces de cuestionarnos nada, en ningún grado sobre la utilidad ni la validez de esas estructuras socioculturales que nos condicionan, que nos limitan y que nos dirigen.

Las identidades, son estructuras de sentido que nos constituyen en la medida en que las performamos, en la medida en que las actuamos ante los demás. No es solo tenerlas en la mente, sino actuarlas ante los otros. La masculinidad y la feminidad no se constituyen en lo puramente mental, sino en la puesta en escena frente al que me observa. Exactamente como los therian, ahora tan de moda. Los therian, son pura performatividad: Las máscaras, las colas, los guantes, pretender correr como animales, ladrar, maullar, juguetear como animales, todo es un acto performativo, todo es una puesta en escena. Igual que el hombre machista que anda agrediendo a todo el mundo, que se la pasa borracho, que golpea a su mujer, que usa todo tipo de elementos de genero para mostrar su masculinidad. Todo una gigantesca puesta en escena, pura performatividad. lo mismo que el transexual que se viste, que se opera, que se maquilla, que ensaya una y otra vez los gestos y la voz de cierto estereotipo de lo femenino. Y después de ensayarlo, como un actor ensaya un guion, entonces lo pone en escena frente a los otros en la calle, en su día a día frente a los demás. ¿Y que tal los creyentes de las diversas religiones? No hay diferencia alguna con el transexual, el therian o el tipo machista borracho y golpeador. Los pastores cristianos con su histrionismo, toda una puesta en escena. Igual que los creyentes delirantes que danzan al son de los gritos histéricos del pastor. Que es el burka sino pura performatividadde género y que son las 5 oraciones al día de los musulmanes sino performatividad absoluta, sino una puesta en escena que busca construir su identidad al actuar de esas formas frente a los demás. El religioso vive en una neurosis performativainterminable, relaizando todo tipo de actos performativosneuróticos, compulsivos y delirantes para demostrar ante los demás que cumple con lo que se supone que debe cumplir para ser considerado un buen religioso. Por eso es que tantos creyentes son tan hipócritas y viven una vida de doble moral. Actúan en misa, en la congregación religiosa de una manera y cuando nadie los ve, actúan de forma totalmente contraria. Ahí tenemos al famoso eurodiputado húngaro que llego al poder gracias a sus campañas en contra de los homosexuales, defendiendo la familia tradicional y en contra del matrimonio gay y la legalización de las drogas. Pero que al que, durante la pandemia, la policía lo encontró ingiriendo drogas y teniendo relaciones homosexuales en una orgia gay desenfrenada. Por supuesto que muchísimas personas son esclavas de la aprobación social y, cuando están en entornos muy opresivos, como lo son las comunidades religiosas, es muy muy común que vivan de formas radicalmente distintas a todo aquello que profesan frente a sus comunidades. La supervivencia social y la aceptación de la comunidad o entorno suele llevar a las personas a vivir dobles vidas y dobles morales.

Dios y la autopercepción espiritual. Así como los transexuales se autoperciben espíritus de mujeres atrapados en cuerpos de hombres o espíritus de hombres atrapados en cuerpos de mujeres; y así como los therian se autoperciben espíritus de animales atrapados en cuerpos de personas, los creyentesigualmente se autoperciben espíritus e hijos de dios atrapados en cuerpos materiales. Si reflexionamos un mínimo, podemos ver que es el mismo proceso mental, el mismo sesgo cognitivo, la misma distorsión cognitiva, la misma histeria psicológica. Todas esas personas se autoperciben como algo diferente a lo que son materialmente. Básicamente es la misma transversalidad identitaria, la misma disforia de identidad que se manifiesta de diferentes formas. Y todas esas formas de disforia de la identidad responden a un mismo núcleo ideológico: Creer que la identidad es el reflejo y la emanación de un ser espiritual más allá de la realidad puramente material y semiótica en la que existimos. La identidad solo es una red de esferas de significaciones que construimos al poner en escena ciertos guiones. Nuestra identidad es el dialogo que establecemos con la mirada del otro a través de todo tipo de actos performativos. La identidad se construye por medio de actos de habla y puestas en escena que construyen de manera dialéctica nuestra relación con la mirada del otro y con las estructuras de significación de nuestro yo. Nuestra identidad es la dialéctica entre el ser para el mundo y el ser ante nosotros mismos que se forja a través de la performatividad del ser en el mundo y para el mundo. Por lo tanto, una cuestión muy relevante es entender que es exactamente lo mismo si alguien se autopercibe hijo de dios, hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, espíritu de perro en el cuerpo de un humano, un helicóptero apache, un ser espiritual reencarnado en un cuerpo material o etc. Porque al final de cuentas el problema es el mismo: No entender que la identidad es una dimensión simbólica y performativa, y no la emanación de ninguna esencia -ni biológica ni metafísica-. No entenderlo, no aceptarlo es lo que lleva a la disforia identitaria, a la transversalidad de identidad. Tanto si se autopercibe hijo de dios, ser espiritual, hombre en cuerpo de mujer, perro en el cuerpo de un humano o cualquier otra cosa. En todos los casos funciona el mismo auto engaño y podemos observar la misma forma de histeria. 

En conclusión, las identidades de género, igual que cualquier otra identidad, como las identidades espirituales, de los sanadores espirituales, los que se autoperciben seres que se elevan espiritualmente con meditaciones o ingiriendo hongos, veneno de rana, los que se auto perciben perros, médiums espirituales o etc. Funcionan únicamente a nivel semiótico, en el campo de las esferas de significado y no en la realidadbiológica. Son redes de significados y puestas en escena a las que les asignamos un valor trascendental y que acabamos percibiendo como emanaciones de esencias metafísicas o biológicas. Y ahí está el error, tanto de los conservadores religiosos como de los que asumen como esencias sus identidades trans, therians o del tipo que sea. Porque esas identidades funcionan a nivel de una ontología semiótica y sociocultural, nunca a nivel de una ontología biológica, y mucho menos a nivel de esencias metafísicas. Con lo que podemos concluir que ambos bandos están por igual y en el mismo grado equivocados. Y ambos deben acudir a los estudios de género que han realizado antropólogos, semióticos, sociólogos, filósofos, historiadores, etc. Ya que lo que los estudios de género señalan es precisamente lo que aquí he dicho, que las identidades son estructuras semióticas y performativas; y no esencias, ni biológicas ni metafísicas, como equivocadamente creen ambos bandos. Es muy válido jugar con lo identitario, pero no auto engañarse con falsas esencias.

Finalmente, cuando se entiende que la identidad es performatividad puede entonces jugarse con todas las expresiones identitarias, como lo son las expresiones de género. En lugar de seguir guiones de género de manera neurótica.Entender la dimensión performativa de lo identitario nos liberade vivir en la neurosis y la compulsión de cumplir con los guiones identitarios, entendiendo que los roles son convenciones sociales y no esencias naturales a las cuales tendríamos la obligación metafísica o biológica de apegarnos y cumplir.Entender esto nos permite ser capaces de desarrollar de forma plástica y consiente practicas performativas acordes a nuestros intereses, contextos, circunstancias y las dinámicas relacionalesen las que nos vemos envueltos. Además, nos permite salir de los dogmas socioculturales y explorar nuestro ser y nuestra propia dimensión identitaria en formas que nunca antes nos lo hubiéramos permitido. Entender la dimensión semiótica y performativa de lo identitario nos libera de los dogmas socioculturales y a la vez nos salva de ir cual hoja al viento creyendo que cada estadio identitario es alguna nueva esencia a la cual debemos apegarnos religiosa y dogmáticamente. Con ello, nuestra identidad se vuelve más plástica y más adaptativa.

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