El Quehacer Político a través de la opinión///Israel Aram///Más que fútbol: el Mundial como espejo político
Por Israel Aram Guerrero
Con gratitud para todos con quienes he compartido cancha
Pocas cosas convocan al planeta con la intensidad de una Copa del Mundo. Durante semanas, el balón suspende rutinas, ordena conversaciones y crea una emoción compartida que trasciende lo deportivo. Detrás de esa fiesta hay algo más profundo: la oportunidad de mostrarse ante el mundo.
México vuelve a ser coanfitrión en un contexto muy distinto al de sus experiencias anteriores. No se trata solo de remodelar estadios, sino de proyectar poder, orden y capacidad de coordinación.
La historia reciente demuestra que estos acontecimientos pueden impulsar ciudades, dinamizar economías y reforzar identidades colectivas. Sin embargo, el verdadero legado no se mide únicamente en cifras, sino en percepción: cómo se vive el evento y qué narrativa deja. Ahí radica la diferencia entre una celebración pasajera y una oportunidad estratégica.
Hoy, la preparación para el evento ha mostrado avances desiguales y una narrativa pública que no termina de consolidar expectativa social, a pesar de ser país sede solo 3 ciudades del país recibirán partidos. La ausencia de euforia no responde a falta de pasión futbolera, sino a un contexto donde las preocupaciones cotidianas —seguridad, economía familiar, empleo— ocupan el primer plano. El balón emociona, pero no sustituye las urgencias del día a día.
Desde la política, esto revela algo relevante: la sociedad ya no vive estos eventos como celebraciones acríticas, observa la planeación urbana, la transparencia en el gasto y el impacto real en la vida cotidiana.
En un entorno de polarización y desgaste del debate público, el fútbol puede ofrecer un momento de coincidencia emocional, un recordatorio de pertenencia compartida un espacio donde la identidad mexicana se muestre sin fracturas.
Mirar atrás ayuda a dimensionar el presente. En 1970, el país arrastraba tensiones profundas, pero el estadio Azteca inauguró una era mientras Pelé levantaba la copa ante un mundo que encontraba en México un escenario luminoso tras la sombra de 1968. En 1986, la organización llegó en medio de la reconstrucción tras el terremoto y una crisis económica severa; aun así, las narraciones vibrantes que acompañaron el gol de Maradona a Inglaterra terminaron por inmortalizar un país que buscaba reencontrarse consigo mismo.
Hoy el contexto es distinto: menos épica y más escepticismo, pero también mayor conciencia ciudadana.
Don Ángel Fernández, narrador mexicano que puso voz a 7Mundiales, solía decir que “el fútbol es lo más importante de lo menos importante”. La frase, repetida hasta el cansancio, conserva vigencia porque entiende algo esencial: el juego no resuelve los problemas de un país, pero sí desnuda su ánimo. Basta el silencio previo al disparo, la gambeta que deja atrás a un rival o ese instante suspendido en que el balón viaja al área y todo un estadio contiene la respiración. Y luego, cuando la red se mueve y el grito estalla, la celebración deja de ser individual y se vuelve memoria colectiva, podemos olvidar muchas cosas, pero jamás se borra esa sensación compartida de haber sentido lo mismo al mismo tiempo.
Finalmente, lo que permanece tras el silbatazo final es la forma en que jugadores, equipos, aficionados y países enteros se miran a sí mismos y son mirados por los demás, el fútbol puede emocionar, unir y distraer, pero también evidenciar capacidades y carencias. En ese doble carácter reside su dimensión política. Faltan pocos meses para que en los estadios se escuche con fuerza “mexicanos al grito de gol”. Más que un torneo, el Mundial será un reflejo de lo que somos y de lo que aspiramos a ser.
#SePuede y #SeDebe
Israel Aram Guerrero
Tw: @israel_aram
