El Quehacer Político a través de la opinión de Israel Aram Guerrero///2025: El año que superamos todo
Por Israel Aram Guerrero
Con aprecio para mi familia y amigos
El filósofo griego Epicteto escribió que “no nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede”. Y quizá no había un año más adecuado que este para comprobarlo, porque 2025 –con todas sus fracturas, aceleraciones, incertidumbres y sobresaltos– terminó mostrándonos una verdad antigua que solemos olvidar: la felicidad depende solo de aquello que está en nuestras manos.
Hemos atravesado un ciclo duro: un año de recomposición personal, empresarial y política; un año de ajustes forzosos, decisiones difíciles, costos silenciosos y pruebas que nadie pidió, pero llegaron igual. En lo público, México vivió una transformación acelerada: gobiernos que reorganizan programas, mercados que se reacomodan, administraciones que buscan su identidad y ciudadanos que, entre el ruido, intentan sostener el rumbo.
En lo privado, no ha sido distinto: empresas reestructurándose, familias adaptándose, proyectos que nacen, otros que mueren y muchos que –como nosotros– aprendieron a respirar hondo, a reducir velocidad y a preguntar: ¿qué de todo esto depende realmente de mí?
La serenidad llega cuando soltamos lo que no controlamos y nos hacemos responsables de lo que sí. Y este año, más que ningún otro, nos obligó a decidir si viviríamos empujados por el miedo o guiados por el propósito.
Vivimos en un tiempo en el que la eficiencia corre más rápido que la conciencia, nuestra economía se ha vuelto una fe líquida, donde los datos son oráculos y la predicción sustituye a la comprensión. El riesgo es obvio: cuando dejamos que los algoritmos piensen por nosotros, dejamos de pensarnos a nosotros mismos.
México –con su compleja vida pública, sus tensiones políticas, sus luchas empresariales y las desigualdades que persisten– necesita justo eso: una brújula humana en medio de un mar hiperconectado pero emocionalmente vacío.
Porque la tecnología multiplica los medios, sí… pero solo el humanismo define los fines.
Y este año nos enseñó que sin fines claros, la velocidad no sirve de nada. Podemos correr, pero sin dirección; podemos responder mensajes, pero sin presencia; podemos producir más, pero entender menos.
El exceso de estímulos nos hizo adictos al miedo de perdernos algo (FOMO: fear of missing out). Queremos estar en todo, opinar de todo, reaccionar a todo.
Pero este 2025 nos empujó a una evolución más madura: del FOMO al ROMO (relief of missing out), es decir, descubrir alivio en lo que decidimos o preferimos no hacer.
Y finalmente al JOMO (joy of missing out): la alegría de perderse de lo que no importa para ganar presencia en lo que sí.
México –política, empresas, hogares, instituciones– necesita ese mismo giro: Necesitamos líderes que no respondan por compulsión, sino por criterio. Empresarios que no acumulen compromisos, sino propósitos. Gobiernos que no midan su éxito por la saturación de anuncios, sino por la claridad de sus resultados. Ciudadanos que no vivan a golpes de pantalla, sino a golpes de conciencia.
Viktor Frankl, que atravesó lo indecible, escribió: “Quien tiene un porqué puede soportar casi cualquier cómo.” Este año muchos de nosotros preguntamos por ese “porqué”.
Los obstáculos nos tocaron a todos: en lo económico, lo familiar, lo profesional, lo emocional. Pero cada prueba terminó mostrando que el dolor es inevitable, sí; pero el sufrimiento cambia cuando se inserta en un propósito mayor.
Y ahí está la recomposición de 2025: volver a lo esencial, a nuestro centro.
Por eso este cierre de año nos invita a pensar algo simple: no podemos cambiar lo que ya pasó, pero sí podemos decidir lo que sigue. México lo necesita, nuestras familias lo necesitan, nuestros proyectos lo necesitan, y nosotros—quizá más que nadie—lo necesitamos.
La pregunta que podemos hacernos este diciembre es simple y profunda:
“¿Hacia dónde queremos ir?” Y la respuesta, si somos sinceros, siempre será la misma:
“Ir hacia aquello que depende de nosotros.”
Ese es el rumbo. Ese es el aprendizaje. Ese es el cierre.
#SePuede y #SeDebe
Israel Aram Guerrero
Tw: @israel_aram
