Semiótica: Una teoría generativa
Hacia una semiótica de la articulación, la inferencia, la normatividad, la indexicalidad y la metaorganización
Por Redacción QP
La semiótica más allá del signo. El modelo de semiótica que aquí proponemos parte de una inversión fundamental de la pregunta clásica por el signo. No pregunta únicamente qué es un signo, qué representa o cómo es interpretado, sino cuáles son las condiciones mediante las cuales una diferencia puede adquirir relevancia semiótica, cómo puede incorporarse a una arquitectura de relaciones expresivas, inferenciales, normativas e histórico-contextuales y, sobre todo, cómo esas relaciones pueden producir nuevas condiciones para la aparición de otras diferencias. La semiosis deja así de comprenderse como una operación limitada a la representación o transmisión de significados y pasa a concebirse como una dinámica de constitución, transformación y reorganización de las condiciones mismas del sentido. En esta perspectiva, el signo aislado deja de ser la unidad teórica fundamental. Una unidad semiótica es, más radicalmente, una configuración relacional en la que una diferencia adquiere articulación, consecuencias inferenciales, fuerza normativa y determinación contextual. Pero incluso esta configuración no constituye un estado final: puede entrar en relaciones generativas que transformen sus propias condiciones de funcionamiento y, eventualmente, puede convertirse en objeto de operaciones metainferenciales mediante las cuales la arquitectura revise las condiciones y los criterios que gobiernan su funcionamiento. La semiótica generativa es, por ello, una teoría dinámica de la semiosis. Su objeto no es solamente el significado ya constituido, sino la arquitectura mediante la cual el significado puede constituirse, transformarse, sedimentarse, reproducirse, entrar en conflicto, reorganizarse y generar nuevas posibilidades de significación.
De ahí la necesidad del concepto de ontosemiótica: El proceso historico y recursivo mediante el cual las diferencias y relaciones de una persona con su campo, adquieren, organizan y transforman función significativa dentro de las relaciones situadas, organizando posibilidades de percepción, inferencia, normatividad y acción. La ontosemiótica es entonces la constitución y transformación de un mundo de significaciones funcionales. La semiosis no produce físicamente la realidad, pero participa en la organización de aquello que cuenta funcionalmente como diferencia, objeto, acontecimiento, posibilidad, límite, compromiso, autorización, contexto o relación dentro de una arquitectura situada. Lo ontosemiótico designa precisamente la articulación entre las estructuras mediante las cuales algo puede adquirir significación y las condiciones de existencia funcional dentro de las cuales esa significación opera. La arquitectura general de esta teoría exige distinguir tres niveles que no deben confundirse: un nivel constitutivo, compuesto por sintaxis expresivista, semántica inferencial, pragmática normativa e indexicalidad anafórico-contextual; un nivel dinámico-generativo, constituido por la generatividad correlacional recursiva; y un nivel metainferencial, compuesto por operaciones de primer y segundo orden capaces de revisar las condiciones y criterios de organización del sistema. Las cuatro dimensiones constitutivas de la semiosis. Las cuatro dimensiones fundamentales no deben concebirse como etapas lineales. No existe primero una sintaxis que posteriormente recibe una semántica, después una pragmática y finalmente un contexto. Las cuatro constituyen dimensiones simultáneas y mutuamente determinantes de una misma configuración semiótica. La sintaxis expresa, la semántica organiza consecuencias, la pragmática instituye posiciones normativas y la indexicalidad sitúa históricamente la configuración. Cada dimensión modifica las posibilidades de las demás.
Sintaxis expresivista: la articulación de la diferencia. La primera dimensión es la sintaxis expresivista. Su problema fundamental es cómo una diferencia adquiere una forma articulable. La sintaxis, entendida radicalmente, no es simplemente un conjunto de reglas combinatorias entre unidades previamente dadas. Es la organización mediante la cual diferencias que pueden encontrarse inicialmente implícitas, dispersas o no articuladas adquieren una configuración susceptible de entrar en relaciones semióticas determinadas. Aquí el expresivismo adquiere un papel decisivo. Expresar no significa necesariamente exteriorizar un contenido completamente constituido con anterioridad. La expresión puede hacer explícita una relación que operaba implícitamente. La explicitación transforma, por ello, aquello que expresa: una vez articulada una diferencia, puede convertirse en objeto de inferencia, evaluación, compromiso, autorización, rechazo o transformación. La sintaxis expresivista es entonces la dimensión de la articulación. Produce configuraciones que permiten que algo sea distinguido de otra cosa, relacionado con otra cosa y posteriormente integrado en una red de consecuencias. Esta concepción permite superar una reducción de la sintaxis al lenguaje verbal. Toda configuración susceptible de organizar diferencias puede poseer una dimensión sintáctica: una expresión lingüística, una disposición espacial, una configuración visual, una estructura performativa, una secuencia corporal o una organización institucional pueden adquirir estructura expresiva. La sintaxis constituye, así, la posibilidad de que una diferencia se vuelva semióticamente operativa.
Semántica inferencial: significado como espacio de consecuencias. La segunda dimensión es la semántica inferencial. Latesis central es que el significado no puede reducirse a una relación de correspondencia entre una expresión y un objeto. Una configuración adquiere contenido por las relaciones que mantiene con otras configuraciones: qué permite inferir, qué excluye, qué autoriza, qué compromete, qué hace incompatible y qué consecuencias prácticas o conceptuales vuelve disponibles. Aquí el inferencialismo de Robert Brandom proporciona uno de los fundamentos filosóficos centrales de nuestro modelo. El contenido conceptual se determina por el lugar que ocupa dentro de una red de inferencias y por las posiciones normativas que esas inferencias generan. Pero la semiótica generativa extiende esta intuición más allá de las proposiciones lingüísticas. Una configuración corporal, visual, espacial, emocional, institucional o performativa puede poseer una dimensión semántica cuando modifica un espacio de consecuencias interpretativas y prácticas. Una expresión no significa simplemente algo; modifica el campo de lo que puede, debe o no puede seguirse de ella. Así, el significado es relacional y dinámico. No reside como una sustancia interior a un signo, sino en el sistema de consecuencias en el que éste participa. La semántica es, por tanto, la organización inferencial del sentido.
Pragmática normativa: significado como posición. La tercera dimensión es la pragmática normativa. Las inferencias no existen únicamente como relaciones abstractas. Toda práctica semiótica se desarrolla dentro de espacios en los cuales determinados movimientos producen compromisos, autorizaciones, responsabilidades, expectativas, permisos, obligaciones y límites. La pregunta pragmática radical es: ¿Qué posición normativa constituye una determinada configuración semiótica dentro de una práctica? Aquí la teoría de Brandom resulta nuevamente decisiva: participar en un espacio de dar y pedir razones significa ocupar posiciones dentro de una estructura normativa de compromisos y autorizaciones. Nuestro modelo amplía esta idea hacia la semiosis general. Una expresión verbal puede generar un compromiso; un acto institucional puede producir una obligación; una configuración espacial puede establecer un límite; una conducta puede comunicar una autorización; una expresión corporal puede modificar expectativas; un ritual puede distribuir posiciones normativas. La pragmática no constituye, entonces, un añadido externo al significado. La fuerza práctica forma parte de aquello que la configuración significa dentro de una práctica. La semiosis es simultáneamente articulación e institución de posiciones.
Indexicalidad anafórico-contextual: la historicidad del significado. La cuarta dimensión es la indexicalidad anafórico-contextual. Esta dimensión resulta indispensable porque ninguna expresión, inferencia o norma funciona en un vacío abstracto. Toda semiosis acontece desde una posición, dentro de un contexto, respecto de una historia y bajo determinadas condiciones de interacción. La indexicalidad sitúa: quién; cuándo; dónde; respecto de qué; desde qué perspectiva; bajo qué circunstancias. La anaforicidad agrega la dimensión histórica: una configuración presente puede funcionar como continuación, repetición, ruptura, corrección, inversión, excepción o transformación de configuraciones anteriores. El presente semiótico está constituido por relaciones con antecedentes. La indexicalidad anafórico-contextual no es simplemente una referencia al contexto externo. El contexto mismo participa en la determinación de aquello que una expresión puede significar y de las inferencias y normas que resultan pertinentes. Por ello el significado situado depende del contexto presente, de la historia relevante y de la perspectiva desde la cual se realiza la interpretación. La semiosis es, por tanto, siempre histórica y situada. La unidad de las cuatro dimensiones. Las cuatro dimensiones no son compartimentos independientes. Una expresión modifica el espacio inferencial; éste modifica posiciones normativas; las posiciones normativas alteran el contexto; el contexto modifica qué expresiones son pertinentes; las relaciones históricas modifican las inferencias disponibles. Por eso, no describimos una secuencia, sino una red de determinación recíproca.Una configuración semiótica completa puede entenderse como una articulación simultánea. La semiótica generativa no reduce ninguna de estas dimensiones a otra. La sintaxis no se convierte en semántica; la semántica no se reduce a pragmática; la pragmática no absorbe la indexicalidad; y la indexicalidad no sustituye las demás. Su unidad es relacional.
Generatividad correlacional recursiva: la dinámica del Sistema. Precisamente porque las cuatro dimensiones se encuentran en relaciones recíprocas, necesitamos un concepto capaz de explicar cómo esas relaciones producen transformaciones. Éste es el papel de la generatividad correlacional recursiva. No debe entenderse como una quinta dimensión paralela a las anteriores. Es un nivel dinámico, un operador que atraviesa las cuatro dimensiones. La generatividad es correlacional porque ninguna dimensión genera por sí sola la configuración futura. Las transformaciones ocurren mediante modificaciones de las relaciones entre ellas. Una transformación expresiva puede producir nuevas inferencias. Las nuevas inferencias pueden modificar compromisos normativos. Las nuevas posiciones normativas pueden transformar el contexto. El contexto transformado puede hacer posible una nueva articulación expresiva. Y es recursiva porque aquello que el sistema produce puede convertirse en condición para futuras producciones. La semiosis genera condiciones para nueva semiosis. La generatividad es, así, el principio mediante el cual el sistema no solamente mantiene relaciones semióticas, sino que produce nuevas configuraciones y transforma las condiciones de producción de configuraciones posteriores.
Metainferencia: la arquitectura puede revisar sus condiciones. Aquí aparece el nivel metainferencial. Una inferencia ordinaria pregunta: ¿Qué se sigue de X? Una metainferencia pregunta: ¿Bajo qué condiciones se sigue Y de X? La arquitectura puede descubrir que una inferencia válida bajo determinadas circunstancias deja de ser válida bajo otras. Pero esta operación puede aplicarse a toda la arquitectura semiótica. Pueden revisarse las condiciones de aplicación de:inferencias; normas; interpretaciones; expresiones; relaciones contextuales; procedimientos generativos. La metainferencia introduce así una capacidad de reorganización reflexiva. La arquitectura ya no solamente opera dentro de sus reglas: puede hacer de las condiciones de operación un objeto de transformación. Metainferencia de segundo orden: revisión de los criterios. La metainferencia de segundo orden lleva esta capacidad a un nivel más profundo. No pregunta únicamente: ¿Cuáles son las condiciones de aplicación? Pregunta: ¿Con qué criterios determinamos que esas son las condiciones relevantes? El segundo orden permite revisar los criterios de pertinencia, validez, relevancia o aplicabilidad mediante los cuales se determina qué condiciones deben ser tomadas en cuenta. Por ello constituye una forma superior de reflexividad estructural. La arquitectura puede revisar sus inferencias, luego las condiciones de sus inferencias y finalmente los criterios mediante los cuales determina qué condiciones cuentan como relevantes.
La relación entre generatividad y metainferencia. Generatividad correlacional recursiva y metainferencia no son idénticas.La generatividad transforma configuraciones y relaciones. La metainferencia transforma las condiciones de aplicación y los criterios de reorganización de esas dinámicas. Sin embargo, ambos procesos pueden entrar en una recursividad superior. La arquitectura puede generar relaciones, convertirlas en objeto de revisión, modificar sus condiciones generativas y posteriormente revisar los criterios utilizados para realizar esa modificación. Aquí aparece una propiedad decisiva de la semiótica generativa: la capacidad de transformar no solamente aquello que el sistema produce, sino las condiciones bajo las cuales produce aquello que produce. Finalmente la sedimentación y la transformación. La recursividad permite comprender la sedimentación semiótica. Una relación repetidamente producida puede convertirse en una condición estable para futuras interpretaciones. Lo que originalmente fue una configuración contingente puede adquirir apariencia de estructura necesaria. La sedimentación no implica inmovilidad. Toda estructura sedimentada conserva la posibilidad de transformación porque sigue participando en procesos generativos. La generatividad explica simultáneamente la reproducción de estructuras y su posibilidad de transformación.
La arquitectura ontosemiótica es la organización histórica, situada y recursiva de relaciones significativas que determina qué diferencias pueden ser discriminadas, qué funciones pueden adquirir, qué inferencias resultan disponibles, qué normas se aplican y qué conductas se vuelven posibles o probables. Es decir, la arquitectura ontosemiótica estructura las posibilidades de percepción, inferencia, normatividad, valoración y acción de un organismo dentro de un campo. La arquitectura ontosemiótica recursiva. La semiosis deja de ser una cadena lineal de emisión, representación e interpretación. Es una arquitectura recursiva capaz de constituir diferencias, generar relaciones, sedimentarlas, transformarlas y eventualmente modificar las condiciones y criterios mediante los cuales se organiza a sí misma. La consecuencia filosófica más profunda del modelo es que el significado no debe localizarse en una entidad aislada: no está exclusivamente en el signo ni en la mente del intérprete ni en el objeto ni en el contexto. El significado emerge de una arquitectura relacional dinámica, una diferencia se articula expresivamente; la expresión adquiere consecuencias inferenciales; las consecuencias ocupan posiciones normativas; esas posiciones funcionan dentro de contextos históricos y anafóricos; las relaciones entre estas dimensiones producen nuevas configuraciones; las configuraciones sedimentan y transforman las condiciones futuras; y la arquitectura puede llegar a revisar las condiciones y criterios de su propia organización.
Una teoría general de la producción de sentido. Nuestra teoría de la Semiótica generativa propone, en último término, una concepción de la semiosis como arquitectura ontosemiótica dinámica. En su primer nivel, toda configuración semiótica se constituye mediante cuatro dimensiones irreductibles: sintaxis expresivista, semántica inferencial, pragmática normativa e indexicalidad anafórico-contextual. La sintaxis articula diferencias; la semántica organiza sus consecuencias; la pragmática determina las posiciones normativas que esas configuraciones instituyen; y la indexicalidad las sitúa dentro de contextos, perspectivas e historias concretas. En un segundo nivel, la generatividad correlacional recursiva atraviesa esas dimensiones y explica su transformación. No es una quinta dimensión, sino la dinámica mediante la cual las relaciones entre las dimensiones constitutivas producen nuevas configuraciones y nuevas condiciones para la semiosis. En un tercer nivel, las metainferencias de primer y segundo orden permiten que la arquitectura revise, respectivamente, las condiciones bajo las cuales sus relaciones son aplicables y los criterios mediante los cuales determina qué condiciones son pertinentes para esa revisión.
Conclusión: el resultado es una concepción radicalmente recursiva del significado. Ésta es la tesis que permite hablar propiamente de una semiótica generativa: no una teoría adicional acerca de los signos, sino una teoría general de la arquitectura mediante la cual las diferencias llegan a ser significativas, las significaciones llegan a tener consecuencias, las consecuencias adquieren fuerza normativa, las normas adquieren historicidad, las relaciones generan nuevas relaciones y el sistema puede, eventualmente, convertir sus propias condiciones de funcionamiento en objeto de reorganización. La semiosis no termina en la interpretación, pues la interpretación modifica el espacio en el que futuras interpretaciones serán posibles; la expresión no solamente comunica, puede reorganizar aquello que podrá ser expresado; la inferencia nosolamente extrae consecuencias, puede transformar el espacio de consecuencias disponibles; la norma no solamente regula la práctica, puede modificar las condiciones de futuras practices; el contexto no solamente determina el significado, la práctica semiótica transforma el contexto que posteriormente determinará nuevos significados; la generatividad no solamente produce nuevas configuraciones, produce nuevas condiciones de producción. Y la metainferencia lleva esta lógica hasta su límite: permite que la arquitectura examine las condiciones de sus propias operaciones y, en un segundoorden, los criterios mediante los cuales determina qué condiciones deben contar como condiciones. Por eso la semiótica generativa puede comprenderse finalmente como una teoría de la producción recursiva de las condiciones de posibilidad del sentido. No hay, en su límite último, un sistema cerrado de significados. Hay una arquitectura capaz de producir, sedimentar, transformar y revisar las condiciones mediante las cuales algo puede llegar a significar. Ese movimiento —articulación, inferencia, normatividad, indexicalidad, generación y metarreorganización— constituye la dinámica fundamental de toda ontosemiosis.
