El Quehacer Político a través de la opinión de Gerardo Olivio Cruz Rodríguez///¿Dónde están los jóvenes en la política?
Por Gerardo Olivio Cruz Rodríguez
Hay una frase que escuchamos con bastante frecuencia: “A los jóvenes no les interesa la política.”
La escuchamos cuando hay elecciones, cuando se habla de partidos, cuando se intenta explicar por qué una generación parece mantenerse distante de las instituciones. Y quizá sea momento de hacernos una pregunta diferente:
¿Y si no es que los jóvenes no quieran participar, sino que muchas veces no encuentran dónde hacerlo?
Porque si algo caracteriza a las nuevas generaciones es que tienen opinión. Opinan sobre lo que ocurre en su colonia, sobre el transporte, sobre la inseguridad, sobre el medio ambiente, sobre las oportunidades para estudiar o conseguir un empleo, sobre lo que hacen y dejan de hacer las autoridades.
Lo vemos todos los días.
Una publicación puede generar cientos de comentarios. Una injusticia puede provocar que muchas personas se organicen en cuestión de horas. Una causa puede reunir a jóvenes que ni siquiera se conocen personalmente.
Entonces, decir simplemente que “no les interesa la política” quizá sea demasiado fácil.
Tal vez el problema está en que durante mucho tiempo hemos entendido la participación política de una manera demasiado limitada.
Nos enseñaron que participar era votar, afiliarse a un partido, asistir a una reunión o acercarse a un funcionario. Todo eso forma parte de la política, por supuesto, pero no es lo único.
También participa quien pregunta.
Quien exige una explicación.
Quien propone una solución.
Quien organiza a sus vecinos.
Quien utiliza sus redes para visibilizar un problema.
Quien se acerca a una institución para pedir que algo cambie.
Y también participa quien, aunque no esté de acuerdo con una autoridad o con una decisión, decide informarse antes de opinar.
Eso último me parece especialmente importante.
Vivimos rodeados de información, pero tener acceso a ella no significa necesariamente estar informados. En redes sociales podemos encontrar una opinión, una crítica, una acusación y una propuesta en el mismo lugar. A veces todo aparece en cuestión de segundos y resulta muy sencillo compartir algo antes de preguntarnos si es cierto.
Por eso la participación de los jóvenes también necesita algo que pocas veces se menciona: información y criterio.
No se trata de pensar todos igual. Al contrario.
Una democracia necesita personas que cuestionen, que discrepen y que puedan defender una posición sin convertir automáticamente al que piensa diferente en un enemigo.
La política no debería pedirle a una generación que deje de cuestionar. Debería ser capaz de escuchar esas preguntas.
Y aquí también existe una responsabilidad para quienes estamos dentro de las instituciones.
No basta con decir que queremos que los jóvenes participen. También tenemos que preguntarnos si estamos generando espacios donde realmente puedan hacerlo, si estamos escuchando sus propuestas y, sobre todo, si somos capaces de explicarles qué sucede después de que levantan la voz.
Porque pocas cosas alejan más a una persona que sentir que habló y nadie la escuchó.
Quizá por eso necesitamos cambiar la conversación.
En lugar de preguntarnos únicamente por qué los jóvenes no participan en política, deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo para que encuentren sentido en participar.
La política no tiene que parecerse a un discurso, puede comenzar con una pregunta, con una propuesta, con una conversación, con alguien que decide no quedarse solamente con la inconformidad y busca qué puede hacer con ella.
Los jóvenes no necesitan que la política les diga cómo pensar. Necesitan espacios donde puedan pensar, cuestionar, proponer y participar.
Y quizá ahí esté una de las tareas más importantes de nuestra generación: no alejarnos de la política porque nos decepcione, sino encontrar nuevas formas de involucrarnos para intentar cambiar aquello que creemos que puede hacerse mejor.
Porque participar no siempre significa tener un cargo, hablar frente a un micrófono o estar dentro de una institución. A veces empieza simplemente cuando decidimos no ser indiferentes ante lo que ocurre a nuestro alrededor.
