El Quehacer Político a través de la Visión de Iliana Berenice Durán Espinosa///El 2027 ya empezó: Morena frente al espejo y una oposición frente al abismo
Por Iliana Berenice Durán Espinosa
Las elecciones intermedias de 2027 en México no serán una elección más. Están llamadas a ser la prueba de estrés más seria para el sistema político surgido en 2018.
En juego no está solo la Cámara de Diputados. Se renovarán 17 gubernaturas, casi 30 congresos locales y más de 1,700 ayuntamientos. Es decir, se redibuja el mapa territorial del poder. Quien gane el 2027 llega con el control del territorio a la sucesión presidencial de 2030.
I. Morena: de movimiento a aparato
Morena llega a 2027 en una posición que ningún partido había tenido en este siglo: con la Presidencia, mayoría calificada en el Congreso, 23 gubernaturas y la narrativa histórica a su favor. Pero esa es precisamente su vulnerabilidad.
El principal enemigo de Morena en 2027 no está afuera. Está adentro.
La selección de candidatos de 2024 dejó tres lecciones que el partido no ha resuelto:
1. El método de la encuesta se agotó. Lo que en 2018 fue símbolo de democracia interna, en 2024 y 2025 se convirtió en sinónimo de imposición y de ruptura. La encuesta ya no legitima, solo ratifica decisiones de cúpula. Los casos de Veracruz, CDMX y Chiapas lo demostraron.
2. La fractura entre fundadores y chapulines. Cada candidatura que Morena le quita al PAN, PRI o PVEM para sumar, es una candidatura que le quita a su base. El militante que hizo fila bajo el sol en 2012 hoy ve cómo la candidatura a la alcaldía o a la diputación federal se la dan al ex priista que llegó ayer con estructura y dinero. Esa tensión estallará en los 17 estados.
3. El dilema de la sucesión. La Presidenta Claudia Sheinbaum necesita que 2027 sea un plebiscito de continuidad, pero no puede permitir que los gobernadores y las tribus internas usen 2027 para posicionar a sus presidenciables para 2030. Morena tiene que ganar contundentemente, pero sin crear nuevos virreyes incontrolables.
Si Morena logra disciplinar su proceso interno con reglas claras, candidaturas competitivas y no solo leales, el 2027 será un trámite. Si repite la fórmula de 2024 – encuestas opacas, imposiciones y alianzas a cualquier costo con el PVEM y el PT – ganará, pero sembrará las derrotas de 2030.
II. La oposición: entre la supervivencia y la relevancia
La oposición llega a 2027 en su punto más bajo en 30 años. Y con tres estrategias distintas que, hasta ahora, no se hablan entre sí.
PAN: Es el único partido opositor que conserva una identidad y territorios reales – Querétaro, Guanajuato, Chihuahua, Aguascalientes. Su apuesta es resistir como partido de contrapeso regional y urbano. Su riesgo es convertirse en un partido del Bajío y de las clases medias altas, irrelevante en el sur y sureste.
PRI: Vive su crisis existencial. Con Alejandro Moreno aferrado a la dirigencia hasta 2032 y con apenas dos gubernaturas, el PRI ya no es un partido nacional competitivo. Su debate interno para 2027 es brutal: ¿seguir como satélite del PAN o intentar un rescate de marca jugando solo en algunos estados donde aún tiene estructura municipal? Si no se reinventa, en 2027 puede perder el registro en varios estados.
Movimiento Ciudadano: Es el único opositor que creció en 2024. Entendió que el anti-obradorismo frontal no funciona y apostó por un discurso post-ideológico, joven y de gestión. Su objetivo en 2027 es claro: arrebatarle al PAN la etiqueta de segunda fuerza y ganar Jalisco y Nuevo León de nuevo, para llegar a 2030 como la alternativa real. Su límite: sigue siendo un partido de dos estados y de un solo dueño.
El resto – PRD, ya sin registro nacional – es testimonio.
La oposición no tiene hoy una narrativa común para 2027. No puede hacer campaña con “va a haber dictadura” cuando Morena gobierna con alta aprobación. Tampoco puede hacer campaña solo local cuando la elección se nacionalizará inevitablemente. Necesita pasar del discurso del miedo al discurso del contrapeso útil: “¿quién te va a defender de los excesos de Morena en tu municipio?”.
III. El contexto que marcará la elección
El 2027 no se decidirá por ideología, se decidirá por tres factores muy concretos:
1. La seguridad. En al menos 8 de las 17 gubernaturas en juego – Sinaloa, Guerrero, Michoacán, Veracruz, entre otras – la pregunta no es qué partido gobierna, sino quién puede garantizar gobernabilidad mínima. El votante no votará por el más ideológico, sino por el que perciba menos vinculado al crimen.
2. La economía del bolsillo. La continuidad de los programas sociales ya está descontada. Lo que pesará en 2027 es la inflación, el empleo formal y el costo de la energía. Si la economía se mantiene estable, Morena tiene un piso del 50%. Si hay una recesión, la elección intermedia se vuelve castigo, como en toda democracia.
3. La reforma electoral. El INE que llegue a 2027 no será el mismo de 2024. La nueva integración y las reglas de sobrerrepresentación definirán si Morena puede conservar la mayoría calificada. Esa es la madre de todas las batallas legislativas de este año.
En conclusión, el 2027 no será la elección del cambio. Será la elección de la consolidación o del primer freno.
Para Morena, el desafío es demostrar que puede gobernar sin devorarse a sí mismo. Para la oposición, el desafío es más básico: demostrar que todavía sirve para algo.
México no va hacia un sistema de partido único. Va hacia un sistema de partido hegemónico con oposiciones fragmentadas. Y la historia de México nos enseña que los sistemas hegemónicos no caen por la oposición. Caen por sus propias divisiones internas. Eso es lo que se jugará en 2027.
Así el Quehacer Político Desde 1980, 46 años inquiriendo en la política de México, cuestionando, exponiendo, revelando y razonando desde mi Visión.Es cuanto.
