El Quehacer Político legislativo a través de la opinión del Lic Eden Lozano Meza desde la Cámara Alta///EL CONGRESO CAMBIA DE SILLAS, PERO LA CIUDADANÍA SIGUE ESPERANDO
Por Lic Eden Lozano Meza
Mientras diputados y senadores reparten posiciones, hacen cuentas para conservar mayorías y comienzan a mirar hacia 2027, queda pendiente una pregunta incómoda, después de tantas reformas y tanto poder acumulado, ¿qué ha cambiado realmente para la gente?
El Congreso de la Unión comienza una nueva etapa, cambiaquienes presiden el Senado y la Cámara de Diputados, se modifican equilibrios dentro de los grupos parlamentarios, llegan nuevas propuestas de reforma y los partidos empiezan, inevitablemente, a mirar hacia las elecciones de 2027.
Dentro del Congreso hay movimiento y fuera de él, hay incertidumbre, porque mientras la clase política discute quién preside una Cámara, quién controla una comisión, quién abandona una bancada y cuántos votos hacen falta para modificar la Constitución, millones de ciudadanos tienen preocupaciones bastante más sencillas, seguridad, empleo, ingreso, servicios públicos, justicia y autoridades que realmente respondan.
La política está haciendo sus cuentas, la ciudadanía también hará las suyas, un senador menos en Morena y un voto que ahora vale más. El caso de Enrique Inzunza dejó una imagen particularmente incómoda, después de los cuestionamientos públicos formulados en su contra (que el propio senador ha rechazado) se generó una discusión sobre la posibilidad de que solicitara licencia, la decisión fue distinta, Inzunza dejó el Grupo Parlamentario de Morena, pero no dejó el Senado, jurídicamente puede hacerlo, la legislación permite que un senador permanezca en funciones sin pertenecer a un grupo parlamentario.
Pero que algo sea legal no significa que carezca de consecuencias políticas, Morena perdió el control directo de uno de sus votos y eso importa porque para modificar la Constitución no basta una mayoría sencilla, el artículo 135 constitucional exige el respaldo de las dos terceras partes de los legisladores presentes en cada Cámara y, posteriormente, de la mayoría de las legislaturas de los estados y de la Ciudad de México.
Cuando los números son cerrados, cada voto adquiere poder, una ausencia puede importar, una ruptura puede importar, un senador independiente puede importar todavía más, Inzunza podrá seguir votando junto con Morena, nada se lo impide, pero existe una diferencia política evidente una cosa es tener un voto dentro de la bancada y otra tener que confiar en que ese voto seguirá acompañando a la bancada desde fuera.
El episodio demuestra también algo que los partidos suelen olvidar cuando construyen grandes mayorías, el poder parlamentario parece sólido hasta que comienzan las divisiones internas, en medio de ese escenario llega Higinio Martínez a la conducción del Senado, su mensaje ha sido de diálogo, institucionalidad y respeto a las distintas fuerzas políticas, eso debería ser normal, lo extraordinario es que en nuestra política tengamos que celebrarlo, quien preside el Senado no está para representar exclusivamente al partido que lo propuso, su responsabilidad es conducir una institución del Estado mexicano y garantizar que las reglas sean respetadas tanto para la mayoría como para la oposición.
La verdadera prueba llegará cuando exista desacuerdo, porque respetar a la oposición cuando su voto no hace falta es sencillo, respetarla cuando necesitas sus votos es otra historia, Morena entra a esta etapa con una paradoja: después de ejercer una mayoría extraordinariamente poderosa, ahora necesita cuidar con mayor atención sus acuerdos.
El diálogo que antes podía presentarse como una virtud política empieza a convertirse en una necesidad parlamentaria, en Diputados también cambiaron las sillas, en San Lázaro, Raúl Bolaños Cacho Cué del Partido Verde, asumió la Presidencia de la Cámara de Diputados con un amplio respaldo, también prometió imparcialidad, legalidad y respeto.
Las instituciones no se miden por los discursos pronunciados cuando todos están de acuerdo, se miden cuando llega el conflicto, cuando la oposición protesta, cuando la mayoría tiene prisa, cuando aparece una iniciativa políticamente conveniente pero jurídicamente deficiente, cuando respetar el procedimiento resulta incómodo, ahí conoceremos la verdadera independencia de las nuevas presidencias del Congreso.
El Congreso no fue creado para levantar la mano, existe además una discusión que debería preocupar mucho más de lo que aparentemente preocupa, dentro de la propia mayoría han aparecido cuestionamientos sobre errores e inconsistencias técnicas en iniciativas provenientes del Ejecutivo y aquí conviene decirlo claramente, el Congreso no es la oficina jurídica del Gobierno Federal, tampoco es una oficialía de partes donde llegan iniciativas para recibir un sello y posteriormente reunir los votos necesarios para aprobarlas.
La división de poderes existe precisamente para evitar eso, el Ejecutivo propone, el Legislativo analiza, discute, modifica, corrige y cuando corresponde, rechaza, que un partido tenga mayoría no elimina esas responsabilidades. Al contrario, mientras mayor sea el poder para modificar las leyes, mayor debería ser el cuidado con el que se ejerce.
El problema aparece cuando la disciplina partidista sustituye al análisis legislativo, porque entonces dejamos de tener legisladores que revisan al poder y comenzamos a tener mayorías encargadas simplemente de formalizar decisiones tomadas en otro lugar, tener los votos no significa tener la razón, estó será particularmente importante ante las nuevas reformas constitucionales.
Modificar la Constitución no debería convertirse en una rutina, antes de preguntar cuántos votos existen para aprobar una reforma, el Congreso tendría que preguntarse:
¿Es necesaria?
¿Está correctamente diseñada?
¿Respeta los derechos de las personas?
¿Puede provocar consecuencias no previstas?
¿Resuelve realmente el problema que dice combatir?
¿Beneficia al ciudadano?
Son preguntas elementales pero en un Congreso dominado por la lógica de las mayorías existe siempre el riesgo de sustituirlas por una sola, ¿nos alcanzan los votos? una democracia no funciona así, tener suficientes legisladores para cambiar una norma otorga la capacidad jurídica para hacerlo, no concede automáticamente la razón.
La presidenta Claudia Sheinbaum presentó su Segundo Informe de Gobierno y ahora comienza una responsabilidad que muchas veces termina convertida en espectáculo partidista y el Congreso debe analizarlo, la Constitución permite formular preguntas y llamar a funcionarios para explicar las acciones y resultados del Gobierno, dicho sin tecnicismos, el Gobierno tiene obligación de informar y el Congreso tiene obligación de preguntar, pero preguntar de verdad, no organizar comparecencias para que la mayoría felicite al funcionario mientras la oposición intenta convertir cada intervención en un ataque.
El ciudadano necesita respuestas mucho más concretas.
¿Qué funcionó?
¿Qué no funcionó?
¿Cuánto costó?
¿Qué resultado produjo?
¿Qué falta por cumplir?
¿Quién responde cuando una política fracasa?
Eso es rendición de cuentas, todo lo demás corre el riesgo de convertirse en ceremonia y mientras tanto, 2027 comienza a aparecer, este quizá sea el mayor riesgo para el último tramo de la Legislatura.
Los partidos empiezan a mirar hacia 2027, comienzan los movimientos internos, las aspiraciones, los cálculos territoriales y la búsqueda de futuras candidaturas, es parte de la política, pero existe una enorme diferencia entre prepararse para una elección y abandonar anticipadamente la responsabilidad para la que se fue electo.
Mientras algunos legisladores comienzan a preguntarse cuál será su próximo cargo, millones de mexicanos continúan preguntándose cómo resolverán mañana sus problemas, son dos calendarios completamente distintos, el calendario del político pregunta, ¿qué sigue para mí en 2027? y el del ciudadano pregunta, ¿qué van a resolver para mí hoy? y esa distancia puede resultar muy costosa, después de tantas reformas, ¿qué cambió para la gente? Ésta debería ser la pregunta central, durante estos años hemos escuchado hablar de transformaciones históricas, reformas constitucionales, nuevos derechos, cambios institucionales y grandes mayorías.
Pero una reforma no debería evaluarse solamente el día que se publica, debe evaluarse cuando comienza a producir resultados, porque la ciudadanía no vive dentro de la Constitución ni de la Gaceta Parlamentaria, vive en una colonia, toma transporte, trabaja y paga impuestos, busca atención médica, manda a sus hijos a la escuela, enfrenta trámites, denuncia delitos, busca justicia, intenta que su salario alcance. Por eso existe una enorme diferencia entre cambiar una ley y cambiar una realidad y esa diferencia será cada vez más difícil de esconder detrás de los discursos, en 2027 llegará la evaluación, todavía existe tiempo, el Congreso puede corregir, puede revisar lo que no ha funcionado, puede ejercer verdadero control sobre el Gobierno, puede discutir reformas con mayor seriedad, puede abandonar la tentación de medir su productividad por toneladas de iniciativas y comenzar a medirla por resultados, pero el tiempo político corre.
A partir de 2027, la ciudadanía comenzará a emitir su propio balance y ese balance no se realizará en una comisión legislativa, será en las urnas, ahí poco importará cuántas conferencias de prensa ofreció un coordinador parlamentario, quién ganó una discusión interna o cuántas veces se calificó una reforma como “histórica”, el ciudadano tendrá frente a sí preguntas mucho más sencillas:
¿Estoy mejor que antes?
¿Tengo mayor seguridad?
¿Mi familia tiene mejores oportunidades?
¿Mis derechos están mejor protegidos?
¿Las instituciones funcionan mejor?
¿El Congreso trabajó para nosotros o para los intereses de los partidos?
Y ahí aparecerá la verdadera incertidumbre para quienes hoy tienen el poder, porque las mayorías legislativas pueden modificar leyes, pueden modificar instituciones, incluso pueden modificar la Constitución, lo que no pueden modificar por decreto es la percepción de una ciudadanía que no ve resultados, el Congreso inicia esta etapa haciendo cuentas sobre sus votos, Morena calcula su mayoría, los partidos calculan sus posiciones, los legisladores comienzan a calcular 2027. Está bien, que hagan sus cuentas, porque a partir de 2027 la ciudadanía hará la suya y entonces sabremos si todo el poder acumulado durante esta Legislatura sirvió para cambiar la vida de los mexicanos, o solamente para cambiar las leyes.
