CDMX una ciudad enferma y en decadencia

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Por Redacción QP

Contaminación, tráfico, hacinamiento, banquetas deterioradas, falta de agua y problemas de seguridad pueden repercutir en la salud física y mental.

En la Ciudad de México (CDMX), problemas cotidianos como la contaminación, el tráfico, las banquetas deterioradas, las fallas en el manejo de residuos, la falta de agua potable y la inseguridad pueden tener consecuencias que van mucho más allá de las molestias diarias. Son factores asociados con lo que especialistas describen como una “ciudad enferma”, un entorno capaz de afectar la salud física y mental de quienes lo habitan. Un estudio realizado en ciudades de América Latina encontró diferencias de hasta 14 años en la expectativa de vida entre distintos entornos urbanos.

El problema cobra relevancia ante el acelerado crecimiento de las ciudades. Actualmente, más de 4 mil 400 millones de personas viven en zonas urbanas, es decir, más de la mitad de la humanidad. Para 2050, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que casi 70% de la población mundial habitará en áreas urbanas.

¿Qué es una “ciudad enferma” y cómo puede afectar a sus habitantes?

A medida que aumenta la urbanización, también crecen los desafíos para garantizar condiciones adecuadas de vida. La calidad del aire, el acceso al agua potable, el saneamiento, el estado de calles y banquetas, el manejo de la basura y la seguridad pueden tener un impacto directo en el bienestar de millones de personas.

Para Hilda Mangas, habitante que enfrenta estas condiciones en su vida cotidiana, el deterioro de la ciudad no se limita a un solo aspecto, pues termina repercutiendo en diferentes dimensiones de la vida:

“Pues repercute emocional, económica y de todas las maneras. La ciudad está bastante descuidada en cuestión salud, asfalto, seguridad”.

El concepto de ciudades saludables utilizado por la OMS parte precisamente de la relación entre las condiciones del entorno urbano y la salud de las personas. Una ciudad con deficiencias de infraestructura, saneamiento, servicios y seguridad puede incrementar la exposición de sus habitantes a distintos riesgos.

Contaminación, tráfico y hacinamiento: los riesgos que no siempre se ven

Respirar aire contaminado, pasar largos periodos en el tráfico o vivir en condiciones de hacinamiento no son únicamente problemas de comodidad. Estos factores pueden relacionarse con enfermedades y favorecer escenarios en los que determinados padecimientos se transmiten con mayor facilidad.

El doctor Francisco Moreno Sánchez, médico internista infectólogo de la Asociación Mexicana de Infectología y Microbiología Clínica, explica que las condiciones de las grandes ciudades pueden generar una combinación de riesgos para la población:

“Hay mucha contaminación, el tráfico, eso va a hacer que el aire que tú respiras no sea adecuado, van a hacer aumento de enfermedades infecciosas, viven en hacinamiento, entonces es más fácil que un enfermo contagie a otro, por eso el concepto de ciudades saludables”.

Las consecuencias asociadas con entornos urbanos deficientes pueden incluir desde problemas respiratorios y gastrointestinales hasta lesiones y discapacidad provocadas por accidentes. Incluso algo aparentemente tan cotidiano como caminar por una banqueta deteriorada puede convertirse en un problema de salud de largo plazo.

Una banqueta en mal estado le cambió la vida: terminó con tres cervicales afectadas

Ana Macías conoce de primera mano el impacto que puede tener la infraestructura urbana deteriorada. Una caída mientras se dirigía a trabajar derivó en graves problemas cervicales y procedimientos quirúrgicos que transformaron su vida.

Macías relató que el accidente ocurrió debido al mal estado de una banqueta y que las consecuencias requirieron intervenciones médicas:

“Estoy operada de cervicales dos veces porque me caí yendo a trabajar porque la banqueta estaba mal. Me caí de pura boca y eso me provocó más problemas, se me aplastaron las cervicales y me tuvieron que quitar 3, pues por lo mal que están las banquetas”.

Su caso muestra cómo las deficiencias en la infraestructura pública pueden convertirse en un riesgo para la integridad física. Calles, caminos y banquetas adecuadamente construidos y conservados no son únicamente una cuestión de imagen urbana, sino un componente que puede influir directamente en la seguridad y la salud de quienes los utilizan.

El dato que alerta: la expectativa de vida puede variar hasta 14 años

La relación entre el lugar donde una persona vive y su salud también aparece reflejada en investigaciones internacionales. Un estudio vinculado con la OMS, realizado en 363 ciudades de nueve países de América Latina, incluida la Ciudad de México, encontró diferencias de hasta 14 años en la expectativa de vida entre habitantes de distintos entornos urbanos.

La cifra pone en perspectiva la importancia de las condiciones de una ciudad. La infraestructura, los servicios básicos, la contaminación, la seguridad y otros factores sociales y ambientales pueden influir en las oportunidades que tienen las personas para llevar una vida saludable.

De acuerdo con lineamientos promovidos por la OMS para favorecer entornos urbanos saludables, entre los elementos fundamentales se encuentran el acceso al agua potable, el manejo responsable de los residuos, la infraestructura y los caminos adecuados, así como sistemas de saneamiento, drenaje y alcantarillado en buenas condiciones y seguridad para los habitantes.

El daño no solo es físico: estrés, ansiedad y depresión también entran en juego

La salud de una ciudad tampoco puede medirse únicamente por la ausencia de enfermedades físicas. El entorno en el que una persona se desplaza diariamente, la posibilidad de caminar con seguridad, la convivencia social y el estrés asociado con la vida urbana también pueden repercutir en el bienestar mental.

El doctor Francisco Moreno Sánchez advierte que una ciudad saludable debe ofrecer condiciones que permitan realizar actividades cotidianas sin que el entorno se convierta permanentemente en una fuente de preocupación, estrés o miedo:

“La ciudad tiene que ser saludable, no solamente bonita, no solamente con suficiente vivienda, sino que sea un lugar en donde puedas salir a caminar, donde puedas salir a correr, en donde puedas comer y no tengas el miedo de que te va a enfermar. El estrés que se vive en la ciudad te produce ansiedad, te produce frustración, la gente está muy agresiva en las calles y eso es parte de esa salud mental. Aumenta depresión, aumenta ansiedad, aumentan suicidios. Yo creo que esta ciudad está enferma”.

Con una población urbana mundial que podría acercarse al 70% para 2050, construir ciudades saludables se convierte en un desafío cada vez más urgente. Mejorar calles y banquetas, garantizar agua potable y saneamiento, reducir la contaminación, manejar adecuadamente los residuos y ofrecer espacios seguros no solo transforma la imagen de una ciudad: puede marcar una diferencia en la salud y la calidad de vida de millones de personas.

La responsabilidad involucra tanto a autoridades como a instituciones y ciudadanía. El reto es que las ciudades no solo crezcan, sino que lo hagan ofreciendo condiciones capaces de proteger la salud de quienes las habitan.

Con información de NMas y Foro TV

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