El Quehacer Político a través de la Silla Vacía en la opinión del Lic Juan Carlos Montalvo Hernández///“El Gobierno sin Oficio: cuando la falta de profesionales se vuelve política de Estado”
Por Lic Juan Carlos Montalvo Hernández
La silla del poder nunca está realmente vacía. Lo que sí está vacío —cada día más—es el oficio de gobernar.
México atraviesa una crisis que no se explica por ideologías ni por coyunturas electorales, sino por algo más profundo y peligroso: la renuncia sistemática a profesionalizar la administración pública federal. La falta de perfiles técnicos ya no es una anomalía; es un patrón. Y ese patrón está moldeando la forma en que el poder opera, decide y se preserva.
I. La administración sin administradores
La administración pública federal debería ser el espacio donde la técnica sostiene a la política. Hoy, es lo contrario: la política desplaza a la técnica, y la técnica desaparece.
Secretarías dirigidas por perfiles sin experiencia en la materia. Dependencias con encargados de despacho eternos. Direcciones generales ocupadas por operadores políticos sin formación especializada. Áreas estratégicas sin cuadros profesionales capaces de sostener políticas públicas complejas.
La consecuencia es evidente: la ineficiencia dejó de ser un accidente y se convirtió en un síntoma estructural.
II. La ineficiencia como paisaje cotidiano
La falta de profesionalización no solo ralentiza la administración: la incapacita.
Cada día se vuelve más claro que la mayor parte de la ineficiencia gubernamental proviene de una causa simple y brutal: no hay profesionales en las áreas donde deberían estar los profesionales.
La salud se improvisa. La seguridad se reactiva. La infraestructura se detiene. La economía se administra a pulso. La política pública se vuelve un ejercicio de intuición, no de técnica.
El Estado no falla por exceso de política, sino por deficiencia de oficio.
III. El poder político como prioridad, no el país
En este contexto, la tensión política crece. La perspectiva de procesos electorales intermedios —según reportan diversos analistas y medios— genera un ambiente donde la preservación del control político se vuelve prioridad.No afirmamos resultados ni escenarios futuros; simplemente observamos un fenómeno documentado: cuando el poder teme perder control, la técnica se sacrifica primero.
La administración pública deja de ser un instrumento del Estado y se convierte en un instrumento del poder. El país pasa a segundo plano. La eficiencia se vuelve irrelevante. La profesionalización se percibe como un riesgo político, no como una necesidad institucional.
IV. El costo: un país que se hunde en su propio diseño
La falta de profesionalismo no solo afecta la operación del gobierno: erosiona el concepto político-económico del país.
Un Estado sin profesionales:
• pierde capacidad de ejecución,
• pierde credibilidad institucional,
• pierde estabilidad administrativa,
• y pierde rumbo económico.
La silla del poder sigue ocupada, sí. Pero el Estado que debería sostenerla está cadadía más vacío.
V. La pregunta que define esta columna
Si el gobierno prioriza el control político sobre la profesionalización del Estado, si la técnica se sacrifica para preservar la narrativa, si la administración pública se convierte en un escenario de improvisación permanente…
Entonces la pregunta es inevitable:
¿Cuánto puede resistir un país cuando quienes deben gobernarlo renuncian al oficio de gobernar?
