Biblioterapia: diversos países recomiendan leer libros para mejorar la salud mental

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Por Redacción QP

Sin necesariamente tomarla como tratamiento, los niveles de lectura entre la “Generación Z” y los millennials van en aumento, y en general prefieren los objetos físicos

Puede sonar inventado, pero la biblioterapia, el uso terapéutico de los libros, existe y es recomendado “oficialmente” en algunas partes del mundo, como Estados Unidos, Reino Unido, Australia, algunas naciones de Europa y Asia y, sobre todo, Canadá, aunque el término en sí provenga de un personaje ficción.

La Red Canadiense para el Tratamiento de los Trastornos del Estado de Ánimo y la Ansiedad establece, en una guía para la atención de la depresión de 2016, que la biblioterapia “sigue siendo un tratamiento de segunda línea —los que se usan cuando fallan o hay complicaciones con los de primera opción—, ya sea sola o como complemento de la medicación”.

Además, en 2014, la guía canadiense para el manejo de la ansiedad, el estrés postraumático y los trastornos obsesivo-compulsivos estableció que “diversos formatos de intervención mínima o autodirigida (por ejemplo, biblioterapia/libros de autoayuda o programas en línea/computadora con o sin contacto mínimo con el terapeuta) han demostrado mejoras significativas en los síntomas de ansiedad“.

Por su parte, la asociación de base comunitaria Primeros Auxilios en Salud Mental en Inglaterra (MHFA por su sigla en inglés), que da atención en escuelas y centros de trabajo, destaca los beneficios de lectura de libros, como la reducción del estrés y la prevención de la pérdida de la memoria; también la ayuda que puede significar escapar por un rato del “mundo real”.

De dónde viene la biblioterapia

De acuerdo con una revisión publicada en el British Columbia Medical Journal en diciembre de 2024, el término biblioterapia “fue acuñado por el ensayista y pastor estadounidense Samuel Crothers en un artículo de 1916publicado en la revista Atlantic Monthly

En la historia de Crothers, “un personaje ficticio llamado Bagster prescribe libros para diversas dolencias. Sin embargo, según la autora de la revisión, Martina Scholtens, “la ‘cura de la lectura’ ya se utilizaba desde un siglo antes, cuando las bibliotecas formaban parte de muchos hospitales psiquiátricos y hospitales militares de la época victoriana”.

Scholtens señala que, en las últimas décadas, diversas investigaciones científicas han medido los beneficios de la biblioterapia:

“Los metaanálisis han demostrado un efecto significativo cuando se utiliza la biblioterapia para tratar la depresión unipolar leve a moderada, y se ha comprobado que este efecto es duradero. La biblioterapia también ha demostrado ser eficaz para reducir los síntomas de depresión y ansiedad en niños”, señala. 

Ante esos datos, es una buena señal la lectura de libros esté creciendo entre los adultos jóvenes y los ya no tanto, quienes están actualizando esta antigua práctica.  

Leer en grupo

Puede parecer contradictorio, pero en Estados Unidos y Canadá se estima que entre el 57% y el 61% de la “Generación Z” y los millennials se identifican como lectores, con un promedio de 3.5 a 4.5 libros al año, y prefieren los libros físicos. 

Sin embargo, los jóvenes están adoptado el antiguo hábito de la lectura con algunas innovaciones que no tenían las generaciones previas, en particular, una renovación de los clubes de lectura.

“Entre los jóvenes adultos, el interés por los clubes de lectura está creciendo: alrededor del 21% de la Generación Z y el 29% de los millennials afirman pertenecer a uno, pero les están dando su toque personal”, señala la psicóloga Joanna Pozzulo de la Universidad de Carleton, en Canadá. 

Pozzulo señala, en un comentario publicado en The Conversation, que el inicio de los clubes de lectura “se remontan al menos al siglo XVI, cuando grupos —a menudo de mujeres— se reunían para aprender y debatir, frecuentemente sobre textos religiosos”. 

Con el tiempo esos grupos de lectura se convirtieron en “espacios importantes para la vida intelectual de las mujeres en épocas en las que la educación formal era limitada”, añade la experta. 

Sin embargo, últimamente, sobre todo en el mundo anglosajón, los clubes de lectura “se representan a través del estereotipo de la wine mom (madre aficionada al vino)” y se acusa que son, en realidad, “reuniones de madres que aprovechan la ocasión para desconectar de la crianza, donde el alcohol y la socialización priman sobre la discusión del libro en sí”. 

Para Pozzulo, esta descripción simplista “pasa por alto el verdadero valor emocional e intelectual que ofrecen estos clubes”, y ha influido en la percepción de qué son los clubes de lectura y quiénes asisten a ellos. 

De hecho, los clubes de lectura potencian los efectos positivos de la lectura”, señala la investigadora, y cita una encuesta en la que “el 98% de los encuestados afirmó que mejoró su salud mental y les ayudó a sobrellevar momentos difíciles” (la encuesta fue hecha por una asociación que promueve este tipo de clubes, y aunque lo hace sin fines de lucro es posible la cifra esté sobreestimada). 

Para las personas introvertidas

Una de las adaptaciones que están haciendo la Generación Z y los millennials en el modelo tradicional de los clubes de lectura son los clubes de lectura silenciosa, “donde los miembros se reúnen en espacios públicos como bibliotecas o cafeterías para leer sus libros en silencio. Tras aproximadamente una hora, los lectores pueden optar por socializar con los demás o marcharse”. 

Existe, de hecho, una organización global de clubes de lectura sileciosa, la Silent Book Club que se promueve con el slogan “Welcome to the introvert happy hour” (Bienvenida a la hora feliz del introvertido) y señala que tienen registrados más de dos mil capítulos en 60 países. 

De hecho en México se han registrado nueve de estos clubes en la plataforma de la organización, cuatro en León, tres en Yucatán y dos en Jalisco.  

Pozzulo también destaca que los lectores jóvenes también han generado clubes de lectura especializados, ya sea por grupos centrados en identidades específicas, como las de orientación sexual, de género, étnica o con determinadas discapacidades, o por intereses de los lectores, como los clubes dedicados a géneros literarios específicos. 

Quizá estas nuevas formas de leer y de entender los beneficios de la lectura puedan también ayudar a las generaciones previas o, como sugiere la foto aquí abajo, hasta a otras especies.

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