Alicia Santana y María Fernanda Aguayo[1]
Por Abel Jimenez Hernandez
[1] Alicia Santana es Directora General de Simetría A.C. y co fundadora de Igualdad de Género y Seguridad Humana S.C. María Fernanda Aguayo de Directora Jurídica y co fundadora de Igualdad de Género y Seguridad Humana S.C.
Introducción
Para lograr la igualdad sustantiva, es fundamental que todos los sectores se unan al compromiso de crear e implementar políticas efectivas que apoyen este objetivo. En particular, la industria financiera desempeña un papel importante en la promoción de la igualdad de oportunidades. Por un lado, las instituciones financieras pueden accionar mecanismos para disminuir las brechas de género en su personal. Además, mediante operaciones que impulsen la inclusión financiera, pueden facilitar el empoderamiento de las mujeres al permitirles acumular activos, generar ingresos, gestionar riesgos y participar activamente en la economía. Todo esto también contribuye al desarrollo y al crecimiento económico del país.
En el último año, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) ha puesto de manifiesto un renovado interés por exhortar a las instituciones financieras a promover políticas de igualdad de género, además de fortalecer la inclusión financiera para las mujeres. Esto no solo busca mejorar la situación actual, sino también establecer un precedente para futuras acciones. De esta manera, la Política Nacional de Inclusión Financiera 2025-2030 se centra en mejorar la cobertura, fomentar la educación financiera y asegurar una perspectiva de género en todas las políticas. No solo busca proporcionar acceso, sino garantizar el uso efectivo de los servicios para mejorar la calidad de vida.
Este artículo destaca la necesidad de crear entornos donde las decisiones se tomen sin barreras, alineándose con el comportamiento real de las personas, para alcanzar una inclusión financiera justa y efectiva.
- Brechas de Género en el acceso a servicios financieros en 2024
En los últimos años, se han realizado avances significativos en la accesibilidad a servicios financieros básicos, gracias principalmente a políticas gubernamentales que fomentan la apertura de cuentas bancarias y la expansión de cajeros automáticos en áreas rurales. Esto ha permitido integrar a un mayor número de personas en el sistema financiero. Desde 2018, la inclusión financiera se ha vuelto más tecnológica con el auge de las fintechs y aplicaciones móviles, además de campañas de educación financiera que empoderan a los ciudadanos.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF, 2024), el 80.9% de los hombres y el 72.8% de las mujeres contaban con al menos un producto financiero, lo que representa una brecha de género de 8.1 puntos porcentuales (pp). En cuanto a los créditos formales, el 38.8% de los hombres y el 36.1% de las mujeres los tenían, resultando en una brecha de 2.7 pp. La diferencia de género en la tenencia de seguros es aún más notable: el 28.2% de los hombres tenía este producto financiero, en comparación con el 18.3% de las mujeres, lo que implica una brecha de 9.9 pp. Sin embargo, la mayor brecha de género se observa en la tenencia de AFORE, donde el 51.4% de los hombres contaba con ahorro para el retiro, frente al 34.2% de las mujeres, lo que da como resultado una diferencia de 17.2 pp.
La comprensión de las brechas de género requiere analizar factores estructurales, pues no solo se deben a decisiones individuales, sino a desigualdades en el mercado laboral, normas sociales de género y la carga del trabajo de cuidados. Así, abordar la inclusión financiera requiere considerar estas condiciones estructurales para diseñar políticas públicas efectivas que atiendan las desigualdades existentes.
- Economía del comportamiento para la inclusión financiera de las mujeres
Factores como la sobrecarga de trabajo y la inestabilidad de ingresos crean entornos restrictivos. Desde la economía del comportamiento, estas limitaciones reflejan racionalidad limitada, llevando a decisiones basadas en heurísticas. El uso del efectivo permite controlar la incertidumbre, mientras que la baja utilización del crédito formal se relaciona con la aversión al riesgo. Las normas sociales y la carga mental, también contribuyen a la baja participación financiera, reflejando la interacción entre condiciones estructurales y procesos conductuales.
La economía del comportamiento en la inclusión financiera ayuda a diseñar intervenciones efectivas, especialmente para mujeres, cuyas decisiones financieras están influenciadas por restricciones estructurales y sesgos conductuales. En este contexto, no solo es importante ampliar la oferta de productos financieros, sino también crear entornos que minimicen fricciones y se alineen con comportamientos reales. Algunos sesgos conductuales son: sesgo de statu quo, persistencia en el uso del efectivo; sesgo de presente, decisiones de corto plazo, aversión al riesgo y valoración del efectivo como control del gasto. Las intervenciones deben considerar estos sesgos y facilitar decisiones favorables.
Conclusiones
Actualmente, se observa un compromiso genuino por parte de las autoridades gubernamentales para cerrar las brechas de género en el acceso a productos financieros. La Política Nacional de Inclusión Financiera (PNIF 2025-2030) marca un paso significativo hacia la igualdad financiera entre mujeres y hombres. Sin embagro, no está claro cómo se logrará transformar el comportamiento de las personas, ya que es conocido que todavía un número importante de población, suele aferrarse a prácticas en efectivo, prefiere el ahorro informal y carece de hábitos sólidos de planificación.
En este contexto, una estrategia de inclusión financiera debe reconocer que el uso de servicios financieros depende de su compatibilidad con los contextos de vida y decisiones de las personas, especialmente para las mujeres. Las estrategias basadas en economía del comportamiento junto con políticas que aborden desigualdades estructurales pueden fortalecer la inclusión financiera.
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