Por Iliana Berenice Durán Espinosa
A menos de ocho meses de la elección intermedia más grande de la historia reciente, México no está en un momento de competencia política, sino de reacomodo hegemónico.
La foto es clara y es brutal. Según la encuesta de El Financiero de este 19 de octubre, si hoy fueran las elecciones para renovar la Cámara de Diputados, Morena arrasaría con el 46% de la intención de voto. Su más cercano perseguidor, el PAN, apenas llega al 8%. El PRI, el partido que gobernó 70 años este país, está en 6%, en su mínimo histórico. Movimiento Ciudadano se estanca en 5%. La ventaja es de 38 puntos. No es una ventaja, es un abismo.
¿Qué explica esto? No es solo la marca Morena. Es la aprobación del gobierno de Claudia Sheinbaum, que ronda el 70%, y la narrativa de continuidad que logró instalar tras el triunfo de 2024. Morena entendió algo que la oposición no: las elecciones ya no se ganan en el debate ideológico de la CDMX, se ganan en el territorio y en lo material: programas sociales, obra, presencia en los municipios.
Del otro lado, la oposición vive su peor crisis existencial.
El PAN y el PRI insisten en revivir una alianza que la gente ya rechazó dos veces. Alejandro Moreno habla de ganar 11 de las 17 gubernaturas en juego en 2027, pero lo dice desde el escritorio. Afuera, su partido tiene 21% de opinión favorable y más de 60% de rechazo. No hay territorio, no hay cuadros nuevos, no hay discurso. Solo la inercia de la sigla.
El PAN no está mejor. Golpeado por sus divisiones internas en Guanajuato, Chihuahua y Querétaro — sus últimos bastiones —, sin una figura nacional que articule una alternativa real después de la derrota de Xóchitl Gálvez, se ha vuelto un partido de gestión local que sobrevive, no que compite.
Y en ese vacío aparece el fenómeno que todos miran pero nadie entiende del todo: Movimiento Ciudadano. Con 5% nacional parece poco, pero es el único que crece entre jóvenes y en capitales. No carga el desprestigio del PRIAN y no está atado a la disciplina de la 4T. Si juega bien sus cartas y rompe definitivamente con la vieja oposición, podría ser el verdadero segundo lugar en 2027, aunque sea a mucha distancia de Morena.
¿Que viene en 2027? No es una elección menor. Se renuevan 500 diputaciones federales, 17 gubernaturas, congresos locales y miles de ayuntamientos. Es la elección que definirá los últimos tres años de Sheinbaum. Si Morena confirma ese 46%, no solo retendrá la mayoría calificada con sus aliados del Verde y PT, sino que podría gobernar 25 estados. Sería la consolidación de un sistema de partido predominante.
El riesgo para México no es que un partido gane mucho. El riesgo es que no haya contrapesos creíbles. Cuando la oposición no compite, el debate más importante deja de ser entre partidos y empieza a ser dentro del propio partido hegemónico. Ya lo vemos: las fracturas internas de Morena por las candidaturas a gobernador — de Puebla a Veracruz — serán más relevantes que cualquier propuesta del PRI o del PAN.
2027 no va a definir si sigue la 4T. Eso ya está definido. Va a definir qué tipo de 4T sigue: una más institucional y moderada que tenga que negociar, o una absolutamente hegemónica que no necesite hablar con nadie. Y eso, para bien o para mal, ya no depende de la oposición. Depende de Morena mismo.
Así el Quehacer Político Desde 1980, 46 años inquiriendo en la política de México, cuestionando, exponiendo, revelando y razonando a través de mi Visión.Es cuanto.
