Por José Alberto Prado Angeles
Director General y Editor
Como una bomba cayó en Morena, el Gobierno de Sinaloa y el Senado la noticia: desde Estados Unidos señalan al gobernador Rubén Rocha Moya y al senador Enrique Inzunza por presuntos vínculos con el narcotráfico.
La reacción fue de manual político. Rocha Moya negó todo en redes, con tono institucional y prisa digital. Inzunza, más creativo, “pasó lista” en la sesión del Senado… aunque nadie logró ubicarlo físicamente en su escaño. Luego declaró que las acusaciones son falsas y dolosas.
Mientras tanto, el silencio institucional compite con los nervios de pasillo. Porque la duda no es menor: ¿Habrá consecuencias reales o todo quedará en diplomacia y comunicados? Y más inquietante aún: ¿Es un caso aislado o apenas la primera ficha del dominó?
En política, cuando Estados Unidos habla, más de uno empieza a revisar su agenda… y su pasado.
La que se sacó la rifa del tigre fue Ariadna Montiel. Ayer anunció su salida de la Secretaría del Bienestar para tomar las riendas de Morena a nivel nacional… justo cuando el clima interno parece una tormenta eléctrica.
En sus redes sociales agradeció, presumió logros y cerró con tono institucional. Incluso, felicitó a Leticia Ramírez por quedarse con su silla en el gabinete. Todo muy terso… en apariencia.
Pero en corto, la duda flota: ¿Fue ascenso o salto al vacío? Porque dirigir al partido en tiempos de calma es una cosa; hacerlo en medio de la crisis, otra muy distinta.
Además de los problemas internos entre las diferentes facciones de Morena, PT y Verde, ahora enfrenta otro problema que desprestigia al partido a nivel nacional e internacional.
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