El Quehacer Político en la cultura a través de la opinión de Víctor Hugo Núñez y la Fábrica de Sueños///El dinero público no debe financiar películas; debe crear industria
Por Víctor Hugo Núñez
Durante años hemos hablado de la necesidad de apoyar al cine mexicano. Se han creado fondos, estímulos y mecanismos para que productores y directores puedan desarrollar y realizar sus proyectos. Sin duda, estos apoyos han permitido que muchas películas mexicanas existan y que numerosos cineastas encuentren una oportunidad para llevar sus historias a la pantalla.
Pero hay una pregunta que pocas veces nos hacemos:
¿Qué sucede con la empresa cinematográfica después de terminar la película?
Ahí está uno de los grandes problemas de nuestro modelo.
Un productor prepara una carpeta, desarrolla un proyecto, consigue un apoyo público, realiza la película, la entrega y comienza nuevamente el proceso para buscar recursos para su siguiente proyecto.
Y así, año tras año.
La película termina, pero la empresa no necesariamente crece.
El productor vuelve a empezar prácticamente desde cero.
Esto genera una industria cinematográfica que depende permanentemente del siguiente apoyo gubernamental para poder realizar la siguiente película.
Y eso no es construir industria.
Eso es financiar proyectos.
La diferencia puede parecer pequeña, pero en realidad es enorme.
Una política pública verdaderamente orientada a desarrollar la cinematografía mexicana debería preguntarse no solamente cuántas películas se realizaron con recursos públicos, sino cuántas empresas cinematográficas lograron fortalecerse gracias a esos recursos y pudieron comenzar a caminar por sí mismas.
El objetivo debería ser que el apoyo gubernamental funcione como capital semilla.
Que una productora reciba recursos para realizar una primera película, pero que el proyecto sea concebido desde el inicio como el comienzo de una empresa y no como un acontecimiento aislado.
Una película bien producida debe tener una estrategia de recuperación: distribución, exhibición, ventas nacionales e internacionales, plataformas, televisión, derechos derivados y todas las ventanas comerciales posibles.
Si esa película logra recuperar parte o la totalidad de su inversión y genera recursos suficientes para financiar el siguiente proyecto, entonces hemos dado un paso mucho más importante que simplemente haber producido una película.
Hemos comenzado a crear industria.
Imaginemos un modelo diferente.
El gobierno apoya a una casa productora para realizar su primera película. La productora demuestra capacidad de ejecución, cumple con los objetivos, recupera recursos a través de la comercialización y reinvierte parte de esas ganancias en una segunda producción.
Para la segunda película ya no necesita necesariamente el mismo apoyo público.
La empresa ha crecido.
Tiene experiencia, relaciones comerciales, proveedores, talento, infraestructura, conocimiento del mercado y, sobre todo, capacidad para generar sus propios recursos.
Entonces el gobierno puede apoyar a otra casa productora que todavía no ha tenido esa oportunidad.
El recurso público deja de quedarse permanentemente en las mismas manos y comienza a multiplicar empresas.
Ese debería ser uno de los objetivos fundamentales de una política cinematográfica nacional.
No se trata de quitar los apoyos al cine.
Al contrario: se trata de hacerlos más inteligentes.
El Estado puede y debe participar en una industria que enfrenta riesgos importantes y que tiene enormes dificultades para acceder a financiamiento privado. Pero el apoyo público no debería convertirse en una dependencia permanente.
Debería existir una ruta de salida.
Una película apoyada con recursos públicos tendría que demostrar, además de calidad artística, una estrategia empresarial que permita recuperar inversión y generar condiciones para que la productora pueda continuar.
No todas las películas serán exitosas comercialmente. El cine implica riesgo y nadie puede garantizar una recuperación. Pero sí podemos exigir mejores estrategias de producción, distribución, comercialización y recuperación.
También podemos establecer incentivos para que las empresas que logren recuperar su inversión y financiar nuevos proyectos con recursos propios tengan acceso a mecanismos de coinversión, créditos o estímulos diferentes.
El objetivo sería crear un círculo virtuoso:
apoyo público → primera producción → recuperación → reinversión → segunda producción → crecimiento empresarial → independencia financiera.
En ese momento, el gobierno puede retirarse parcialmente y permitir que otra empresa tenga la oportunidad de comenzar.
Eso significa multiplicar la industria.
Porque si cada peso público solamente produce una película, tenemos una película.
Pero si ese mismo peso ayuda a crear una empresa que después produce dos, tres, cinco o diez películas con recursos propios, entonces ese peso público se convirtió en capital semilla para una industria completa.
Necesitamos dejar de medir el éxito de la política cinematográfica únicamente por el número de películas realizadas.
También deberíamos medir cuántas productoras se fortalecieron, cuántos empleos permanentes se generaron, cuántas empresas comenzaron a facturar, cuánto dinero privado lograron atraer y cuántas películas posteriores pudieron realizar sin depender nuevamente del presupuesto público.
Porque el verdadero éxito de una política pública no debería ser que el beneficiario regrese cada año a solicitar nuevamente el apoyo.
El verdadero éxito debería ser que llegue el momento en que ya no lo necesite.
Y cuando una productora pueda decir: “la primera película la hicimos con apoyo del Estado, pero la segunda la hicimos con lo que generamos nosotros”, entonces estaremos hablando de una política cinematográfica que realmente está construyendo industria.
México no necesita solamente productores capaces de conseguir apoyos.
Necesita empresas capaces de producir, recuperar, reinvertir y crecer.
Necesitamos pasar de una cultura de la subvención a una cultura de la inversión.
El gobierno puede poner la primera semilla.
Pero una verdadera industria debe aprender a crecer con sus propios recursos.
Porque el dinero público debe abrir puertas, no convertirse en una puerta giratoria.
El objetivo no debería ser financiar eternamente al mismo productor.
El objetivo debería ser crear suficientes productores capaces de caminar solos.
Y cuando una empresa cinematográfica pueda sostenerse por sí misma, el apoyo que antes necesitaba podrá llegar a otra que está comenzando.
Así, en lugar de financiar películas una y otra vez, estaremos financiando algo mucho más importante:
la posibilidad de que México finalmente construya una industria cinematográfica económicamente sostenible.
