El Quehacer Político a través de la opinión del Lic Eden Lozano Meza desde la Cámara Alta///El Congreso no está de vacaciones

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Por Lic Eden Lozano Meza

El Congreso de la Unión se encuentra en receso, pero el trabajo legislativo no debería confundirse con inactividad.

Mientras el Senado y la Cámara de Diputados se preparan para el próximo periodo ordinario de sesiones, la Comisión Permanente continúa siendo el espacio donde se reciben iniciativas, se presentan puntos de acuerdo, se fijan posiciones políticas y se canalizan asuntos hacia las comisiones correspondientes y esta semana dejó dos asuntos que merecen atención los derechos de las audiencias y la construcción de una nueva legislación general contra el feminicidio. Son temas distintos, pero ambos ponen a prueba algo fundamental, la capacidad del Congreso para convertir el debate político en buenas leyes.

El Feminicidio ahora le toca al Senado, uno de los asuntos de mayor trascendencia que actualmente tiene el Poder Legislativo, es la expedición de la legislación general en materia de feminicidio, No se trata simplemente de una nueva iniciativa, existe un mandato constitucional.

El decreto de reforma al artículo 73, fracción XXI, inciso a), de la Constitución, publicado el 6 de mayo de 2026, estableció expresamente que el Congreso de la Unión deberá expedir la legislación en materia de feminicidio dentro de los 180 días naturales siguientes a la entrada en vigor de la reforma, eso cambia completamente la dimensión del debate, el Congreso no está decidiendo solamente si quiere legislar, tiene que legislar.

La iniciativa enviada por la presidenta Claudia Sheinbaum busca establecer una Ley General para Prevenir, Investigar y Sancionar el Delito de Feminicidio y homologar criterios de actuación en las 32 entidades federativas. El Senado tiene ahora una responsabilidad particularmente delicada.

La presidenta de la Cámara Alta, Laura Itzel Castillo, ha señalado que el debate parlamentario contará con respaldo institucional y que entre los objetivos se encuentra homologar el tipo penal, establecer estándares mínimos de investigación con perspectiva de género y garantizar que las muertes violentas de mujeres sean investigadas desde el inicio bajo protocolos adecuados.

Además, se anunció la apertura de un micrositio para recibir observaciones al proyecto y se prevé que el dictamen pueda estar preparado hacia finales de agosto o principios de septiembre.

La intención es correcta pero ahora viene la parte difícil, escuchar no puede convertirse en una simulación parlamentaria. Si especialistas, colectivos, víctimas y organizaciones presentan observaciones, el Senado tendrá que explicar cuáles incorpora, cuáles modifica y cuáles descarta.

Eso es Parlamento Abierto de verdad, no basta instalar mesas, tomar fotografías y emitir comunicados el resultado debe poder encontrarse en el dictamen. el receso no suspende el trabajo legislativo. Existe además una idea equivocada que conviene desmontar, durante el receso legislativo las Cámaras prácticamente dejan de trabajar y la propia normatividad parlamentaria establece lo contrario.

Las comisiones continúan durante los recesos estudiando las iniciativas, proyectos y proposiciones que previamente les fueron turnados o que reciben por conducto de la Comisión Permanente.

El Reglamento para el Gobierno Interior del Congreso también establece que las comisiones deben continuar durante el receso el estudio de los asuntos pendientes hasta producir los dictámenes correspondientes. Esto significa que agosto no debería ser un mes perdido, por el contrario, es precisamente durante estas semanas cuando las comisiones pueden preparar los asuntos que llegarán al Pleno a partir de septiembre.

La pregunta, entonces, no debe ser solamente cuántas iniciativas presentan diputados y senadores.

La pregunta correcta es, ¿cuántas iniciativas realmente se estudian, se dictaminan y terminan convirtiéndose en normas? Porque presentar una iniciativa genera un boletín, dictaminarla requiere trabajo, derechos de las audiencias, legislar sin confundir, crítica con censura.

El segundo tema que ocupó esta semana a senadores y diputados en la Comisión Permanente fue el debate sobre los derechos de las audiencias.

Los grupos parlamentarios fijaron posiciones encontradas sobre los nuevos lineamientos y nuevamente apareció una palabra especialmente delicada para cualquier democracia: censura, aquí el Congreso tiene que actuar con especial cuidado, proteger los derechos de las audiencias es legítimo, establecer mecanismos de responsabilidad también puede serlo pero cualquier regulación relacionada con contenidos, medios de comunicación y libertad de expresión debe construirse con precisión jurídica suficiente para impedir que una disposición aparentemente protectora termine convertida en una herramienta de presión.

La discusión parlamentaria debe servir precisamente para eso.

El Congreso no existe para ratificar automáticamente las posiciones del Ejecutivo ni para rechazar automáticamente todo aquello que provenga del gobierno, existe para deliberar, modificar, corregir y construir normas, ésa es la diferencia entre mayoría y obediencia parlamentarias y también entre oposición y simple confrontación.

Septiembre está a la vuelta de la esquina y faltan pocas semanas para que el Congreso retome plenamente sus sesiones ordinarias, cuando eso ocurra, Senado y Cámara de Diputados enfrentarán nuevamente iniciativas acumuladas, minutas, reformas pendientes y asuntos que inevitablemente estarán atravesados por la disputa política rumbo a 2027.

Pero antes de comenzar a contar candidatos convendría contar dictámenes, antes de medir aspiraciones políticas, habría que medir productividad legislativa y antes de anunciar nuevas reformas, sería saludable revisar cuántas de las anteriores siguen esperando en alguna comisión.

La estructura parlamentaria del Senado tiene incluso entre sus responsabilidades llevar el control de las iniciativas, de los proyectos aprobados por la Cámara de Diputados y de la etapa procesal en la que se encuentra cada asunto, además de dar seguimiento a los plazos para emitir los correspondientes dictámenes.

Por eso la rendición de cuentas legislativa no debería limitarse a decir cuántas iniciativas fueron presentadas, deberíamos saber también cuántas fueron dictaminadas, cuántas fueron aprobadas, cuántas fueron modificadas, cuántas permanecen congeladas y por qué.

Porque una iniciativa presentada puede servir para una fotografía, una buena ley sirve para cambiar una realidad, ésa debería ser la medida del trabajo legislativo y ése será también el parámetro con el que desde estas páginas seguiremos observando al Senado de la República y a la Cámara de Diputados.

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