El Quehacer Político a través de la opinión de Israel Aram///Hacer equipo

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Por Israel Aram


Durante demasiado tiempo nos han repetido que la vida es una competencia donde lo que uno gana, otro necesariamente lo pierde. Irene Vallejo llama a esa mirada la “falacia de la suma cero”: creer que el mundo es una tarta fija y que toda porción ajena reduce la nuestra. Es una idea simple, pero peligrosa. Divide, endurece y nos acostumbra a mirar al otro como amenaza antes que como aliado.

La realidad humana cuenta otra historia. Nada importante se construye solo. Las familias, las ciudades, las instituciones, las empresas y los países avanzan cuando aprenden a organizar voluntades distintas alrededor de un propósito común. La colaboración no es ingenuidad: es inteligencia práctica. Dialogar no es ceder: es encontrar la forma de multiplicar capacidades.

En el fútbol esa verdad se vuelve visible. Un equipo no es una suma de nombres, sino una coordinación precisa de movimientos, silencios, coberturas y confianza. Jorge Valdano lo ha dicho con claridad: hacer equipo es una de las tareas más difíciles y más necesarias, porque el talento individual solo alcanza su plenitud cuando se pone al servicio de una idea colectiva.

El Mundial que estamos viviendo lo confirma desde la primera jornada. Francia e Inglaterra han mostrado que la calidad pesa más cuando encuentra orden, equilibrio y colaboración. Y, sorpresivamente para muchos, México también ha dado señales de un equipo que entiende mejor sus tareas, que compite con seriedad y que empieza a generar algo más valioso que entusiasmo: confianza.

Eso importa porque esta oportunidad es irrepetible. Ser sede y competir en casa no es únicamente una ventaja deportiva; es una responsabilidad simbólica. El país no necesita solo buenos partidos, necesita una narrativa común. Necesita sentir que todavía puede reunirse alrededor de algo sin dividirse de inmediato. Que puede celebrar, exigir, corregir y avanzar al mismo tiempo.

Los mejores equipos no son los que eliminan las diferencias, sino los que las ordenan. El defensa que cubre, el mediocampista que pausa, el delantero que define y el técnico que lee el momento forman una pequeña sociedad en movimiento. Cuando cada quien entiende su función, el conjunto se vuelve más fuerte que cualquiera de sus partes.

También un país funciona así. No se trata de pensar igual, sino de aprender a colaborar mejor. No se trata de renunciar al debate, sino de elevarlo. Porque cuando el diálogo es serio, la diferencia deja de ser obstáculo y se convierte en recurso.

Tal vez esa sea una de las grandes lecciones de este Mundial: nadie llega lejos únicamente por impulso. Se avanza con talento, sí, pero también con disciplina, generosidad y sentido colectivo.

En tiempos donde abundan los discursos de confrontación, hacer equipo vuelve a ser una forma de esperanza. Y quizá el verdadero triunfo no consista solo en ganar partidos, sino en recordar que cuando colaboramos con precisión y equilibrio, todos podemos llegar más lejos.

#SePuede y #SeDebe

Israel Aram Guerrero

X: @israel_aram

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